martes, 25 de febrero de 2014

Capítulo 26: El descubrimiento de un don.

 Eran las ocho y media cuando Lili se fue a su casa para prepararse y venirse con sus padres, un poco más tarde, a cenar. Se despidieron con un pequeño beso y yo me despedí de José. Hugo y yo fuimos a casa con Bruno, el cual ya cerró la panadería y nos llevó en coche. Cuando entramos, fuimos preparando la mesa los cuatro. Hugo les fue contando cómo había ido el día en el parque. Les dijo que era la primera vez que se había acercado tanta gente para escucharle y que había recibido muchas más propinas. Añadió que, sin Lili y sin mí, la canción no hubiera sonado igual. De pronto, llamaron al timbre y nos sobresaltamos, ya que sonaba un poco fuerte. Llegaron Paola, Fran, Matt y Lili.
    -¡Hola a todos! Caray, que frío. Dejadme los abrigos, ya los cuelgo yo en el perchero. –Dijo Bruno, aunque yo me puse a su lado para ayudarle a coger algún abrigo-. Gracias Nathalie. –Me susurró.
    - Sentaos todos, por favor. La comida está recién hecha y bien calentita. Espero que os guste. Siempre le pongo una pizca de cariño a la cena, pero esta noche más. –Añadió, una sonriente, Emma.
   -¡Qué bien huele! –Fueron diciendo cada uno, cuando iban entrando en el comedor.
  Nuestros padres se sentaron unos en frente de otros, Lili y Hugo juntos y Matt y yo al lado. Aquella cena fue perfecta. Cada mirada, cada gesto y cada palabra tenían algo especial.
    -¿Sabéis qué? –Dijo Hugo-. He estado reservándomelo para este momento. Emma, esta tarde he descubierto el don de Nathalie. –Me quedé sorprendida, no sabía de qué hablaba. Todos me miraron, preguntando cuál era. 
    -¿Emparejar a las personas? -Le pregunté, bajando la voz y sacando la lengua. Él sonrió, porque sabía que no me esperaría su respuesta.
    -¡Nathalie sabe cantar de una manera especialmente conmovedora! 
    -No digas tonterías, Hugo... –Dije, un poco extrañada.
    -Me gustaría escucharte un poco, querida, si no te importa. Ya hemos terminado de cenar y podemos esperar para tomar el postre. –Dijo Emma, con una mezcla de intriga y curiosidad. Al oír esto, Hugo salió corriendo a por su guitarra, para repetir el momento de hoy.
    -Me da mucha vergüenza cantar aquí. –Les dije, un poco cortada.
    -Está bien, no te obligaremos Nathalie. –Acudió a mi ayuda Bruno-. Vamos a tomar el postre. -Hugo volvió a dejar la guitarra en el salón y se sentó en la mesa. 

Después de un delicioso flan casero, nuestros padres se quedaron charlando en el comedor y nosotros cuatro, los pequeños de la casa, nos fuimos al salón. Cuando ya los adultos no nos podían escuchar, Matt me pidió, casi rogándome, que cantara. Le dije que no, pero Lili me convenció al decirme que ella también cantaría conmigo. Hugo y yo nos sentamos en el sofá y Lili y Matt, en el de enfrente. La canción empezó a sonar, de nuevo, y el momento tan bonito se volvió a repetir. Yo cantaba y me di cuenta de que Lili fue bajando su voz, para que se escuchase mejor la mía, pero esta vez no me dio vergüenza y no paré. Conforme iban pasando los segundos, pasé de cantar en un tono bajito a cantar a un tono un más elevado, al de la canción. Ella y Matt me miraban embobados. Cerré los ojos, como hizo Hugo, y me concentré en la melodía y en mi voz. Cuando la música paró, él y yo los abrimos, y vimos que Lili y Matt se levantaron para abrazarnos. Fue el mejor abrazo de todos, entre risas y alguna que otra lágrima, por parte de los más sensibles. Cuando ellos me empezaron a aplaudir a mí, aparecieron nuestros padres por la puerta, haciendo lo mismo. Me quedé alucinada, no sabía que nos habían estado escuchando. Paola y Emma también estaban un poco emocionadas. Se susurraron algo al oído, asintieron y Emma me dijo:
    -Querida, felicidades, mañana empiezo contigo las clases de canto.


Empezar de cero.

Y aunque su corazón estaba triste, sonrió después de mucho tiempo. La vida se lo agradeció, dándole la oportunidad de empezar de cero.



Su sonrisa.

Entonces lo miró y supo que, con su sonrisa, la alejaría de aquel mundo lleno de tristeza. 

viernes, 21 de febrero de 2014

Capítulo 25: Un arrebato de valentía.

    -Muchas gracias a todos por escucharnos y por vuestro tiempo. –Dijo Hugo a las personas de alrededor, las cuales se fueron yendo-. Gracias chicas, ha salido preciosa la canción.
    -En todas las veces que te he visto tocar la guitarra, esta es en la que has puesto más sentimiento y ternura. Me has encantado Hugo. –Le dijo Lili, poniendo su mano, con delicadeza, en la de él.
    -Gracias –respondió, mirándole a los ojos-, me he emocionado un poco porque me trae viejos recuerdos, ya que me la cantaba mi madre de pequeño, antes de dormir. Era mi momento preferido del día. No había gritos ni peleas en la casa, todos estaban dormidos. Sólo éramos mi madre y yo, acompañados por una dulce melodía y un beso en la frente. A veces echo de menos aquellos besos. –Dijo, mirando a la nada y recordándolo todo.
 De pronto, Lili le dio un tierno y lento beso en la frente. Ni él ni yo nos lo esperábamos. En los ojos de Hugo, volví a ver ese brillo especial pero, en ese momento, tenían una nueva fuerza y valentía. Lo supe. Sabía que aquel era el momento y que le iba a confesar su amor. Disimuladamente, le sonreí e hice un pequeño gesto de asentimiento, dándole mi apoyo.
    -Chicos, voy a ir a la fuente a beber agua, que tanto cantar me ha dejado la garganta seca. Ahora vuelvo. –Les dije, con una gran sonrisa.
 Me fui andando hasta la fuente, que estaba un poco más lejos del banco, pero los tenía justo en frente. Mientras bebía agua, levantaba la mirada hacia ellos. Estaban charlando y la mano de Lili seguía en la de él. Estaba atenta a todo pero, una niña pequeña, carraspeó insinuando que me apartara de la fuente para que pudiera beber. ¿Dónde podía esperar? Me senté en otro banco, al lado de un abuelito. Yo estaba muy concentrada y emocionada por la escena, sonriendo ampliamente.
    -¿Feliz? –Me dijo el abuelito.
    -Mucho. Mi mejor amigo le está confesando a una chica, de la que lleva dos años y medio enamorado, su amor por ella. Yo le he dado ese empujón que le faltaba para que se lo dijera. –Estaba tan contenta, que daba pequeños saltitos en el banco.
    -Estos jóvenes de hoy en día… -Dijo, entre risas-. ¿Así que estoy hablando con la celestina? Me llamo José, es un placer conocerte. ¿Y tú eres?
    -Efectivamente, soy la pequeña celestina Nathalie. Encantada. –Parecía un hombre muy simpático, de unos sesenta años.
    -A ver si adivino. –Echó un vistazo al parque-. ¿Son aquellos dos jóvenes, que se están dando un beso, tus amigos?
    -No… Aún no se han bes… -Antes de terminar la frase, los vi-. ¿Qué? ¿Ya? Pero si hace unas horas estuve hablando con él y estaba muy asustado. No me lo puedo creer. ¡Qué alegría, José! ¡Se están dando un beso! –Estaba tan ilusionada que le di un gran abrazo y se echó a reír.
    -Ay, pequeña, ojalá fueras mi celestina y me ayudaras a encontrar a una mujer para mí. Sé que ya soy viejo y todo mi encanto ya se perdió hace mucho tiempo, pero echo de menos ese sentimiento tan bonito. Siempre vengo a este parque para veros a vosotros, a la juventud, a las parejas, a los matrimonios y bebés. Echo de menos dejarle a alguien una rosa al lado, cada día al despertarse. Echo de menos un simple “buenos días” o un beso. Echo de menos tener a alguien a mi lado a quien cuidar, proteger y alegrar cada segundo. Pequeña, soy viejo, pero echo de menos el amor… Perdona que te aburra con mis cosas, que seguramente ni te interesen. Aunque  quiero que sepas que te acabo de conocer y ya me has caído muy bien. –Con cada palabra que decía, lo iba admirando un poco más. Tenía que ayudarle.
    -No te preocupes, José, te ayudaré a encontrar a una mujer. Mientras tanto, no hago gran cosa por las tardes así que, si quieres, vendré para acompañarte y charlamos, para que no te sientas tan solito. 
    -¿Eres así de amable con todas las personas que conoces? Gracias, pequeña Nathalie, eres un encanto. -Dijo, con una preciosa sonrisa.

 Cuando terminamos de charlar, vimos cómo venía una parejita hacia nosotros. Parecían dos niños pequeños, sonrientes y cogidos de la mano. Lili y Hugo. 


miércoles, 19 de febrero de 2014

Capítulo 24: Un amor entrañable.

 Mientras íbamos andando, camino a la panadería, le empecé a hablar sobre qué me había parecido Lili, para ver su reacción. Cada vez que pronunciaba su nombre, Hugo se ponía nervioso. No pude evitarlo y le pregunté:
    -¿De verdad no me vas a confesar que te gusta Lili? –Le dije, aunque ya sabía la respuesta.
    -De acuerdo. –Dijo, resignado-. No sé, me gusta un poco, mucho, demasiado. Sé que soy muy joven, pero puede que esté enamorado. No se lo digas a nadie. Me enamoré de ella el primer día que la vi en el bar... Ya te lo he dicho, ¿estás contenta? –Suspiró aunque, al decírmelo, noté que se había quitado un peso de encima.
    -Sí, estoy muy contenta. Aún así, ¿llevas dos años y medio enamorado de ella y todavía no se lo has dicho? ¿A qué esperas?
    -No sé, Nathalie, no me atrevo. Muchas veces he intentado decírselo, pero los temores a que se ría de mí, deje de hablarme o se vaya distanciando poco a poco, siempre me echan atrás. Estoy muy feliz al ser su mejor amigo aunque, lo que más deseo, es un beso suyo. Pero, ¿y si se lo dijera y me rechazara por ser de color? Sería una cicatriz que nunca se me cerraría.
    - Primero: ¿Vas a hacer como en las películas? ¿Vas a esperar a que regrese a Italia o tenga novio para confesarle tu amor? Siento mucho agobiarte, Hugo, pero debe ser demasiado duro tener un sentimiento tan fuerte guardado para ti, durante tanto tiempo. –Él asintió, mirando hacia ningún lugar-. Segundo: Aunque acabe de conocerla, sé que Lili es una chica magnífica, buena y comprensiva. Estoy segurísima de que a ella le da igual que seas blanco o de color, porque se fija en el interior y me has demostrado que el tuyo es de oro. Tercero: No te preocupes, tú me has ayudado en muchas cosas. Ahora me toca a mí ayudarte en esto. Puedes confiar en mí. –Le dije, sonriendo y poniéndole una mano en el hombro.

 Llegamos a la panadería y le contamos a Bruno cómo nos fue la mañana en la escuela de música con Emma. Después, Hugo le dijo que le acompañé a casa de Lili, para dar una clase, y la fantástica nota que saqué en la prueba. Por último, añadió que la familia de Paola iba a venir a cenar a casa. Con cada noticia, Bruno se iba quedando más sorprendido y más contento y, sin esperármelo, me dio un gran abrazo por todo lo que había hecho en el día. Es una persona más que encantadora.

 Por la tarde, mientras esperábamos a que fueran las nueve y saliera Bruno de la panadería, Hugo y yo estuvimos en el parque con la guitarra. Conseguí convencerlo de que llamara a Lili para que estuviera con nosotros, ya que ella no iba a hacer nada. Cuando llegó al parque, Bruno se puso un poco nervioso por si le contaba que él estaba enamorado, pero le tranquilicé, ya que algún día sería él el que se lo dijera y no yo. Estuvo tocando la guitarra sentado en el banco, en medio de nosotras dos. Me fijé en que Lili lo miraba de una manera muy tierna, sintiendo la música.
    -Hugo, ¿puedes tocar la canzone de A la nanita nana”? Per favore. –Le pidió Lili.
    -¡Esa canción también la conozco yo! Es preciosa. –Dije, entusiasmada-. Hace mucho tiempo que no la escucho. ¿Puedes tocarla Hugo?
    -Claro, yo también la conozco, aunque no sé si me saldrá perfecta.

 Se preparó, pensó unos segundos, cerró  los ojos y dejó que su corazón guiara a sus dedos, llenando el ambiente con una cálida y entrañable canción. Los ojos de Lili brillaban al mirarle. Ella y yo decidimos acompañarle cantando al unísono. Cada vez venían más personas a escucharnos. Después de dos minutos, cantando y tocando la guitarra, Hugo abrió los ojos y se quedó sorprendido al ver a tantísima gente alrededor. Todos empezaron a aplaudir y a echar monedas en su funda. ¿Era una lágrima lo que veía en sus ojos? Lili y yo también le aplaudimos y le dimos un fuerte abrazo.


martes, 18 de febrero de 2014

Capítulo 23: Una mente interesante.

 Cuando entramos en la casa, nos dirigimos a una habitación de estudio muy grande, con dos mesas y dos sillas en cada una. Lili y Hugo se sentaron juntos, Matt y yo en la otra. Él estaba encantado de tener a una compañera de mesa. Era muy hablador y simpático, me cayó de maravilla al segundo de conocerle. Era un poco más alto que yo, con los ojos azules, como su hermana, y el pelo castaño oscuro. Todas las personas que iba conociendo eran perfectas, tanto interiormente como exteriormente. Paola era la profesora más buena de todas. Me presenté y le hablé un poco sobre mis estudios, que eran demasiado básicos. No quiso saber mi edad, sólo me puso un examen escrito para hacerlo. Al principio me hizo un dictado, para ver si tenía faltas de ortografía, después, en otra actividad, tenía que dar mi opinión de un texto corto, definir algunas palabras y reflexionar un poco.  Cuando acabé, en una hora, Paola lo corrigió y me dijo:
    -Nathalie, ¿cuántos años tienes? –Me preguntó con cara de asombro.
    -¿Tan mal lo he hecho? He sido demasiado rápida, tendría que haberlo repasado más. –Respondí, un poco decepcionada. Al parecer no era tan fácil-. Pues tengo ocho años. Ya le dije que mis estudios eran muy básicos. –Paola se levantó de su mesa y me puso el examen en la mía.
    -¿Solamente ocho años? Nathalie, te he puesto un examen para personas de once años. ¡Has sacado un nueve y medio! –Los tres me miraron, asombrados. Yo también lo estaba-. Siempre he hecho esta misma prueba a todos mis alumnos el primer día. Incluso, siendo mayores que tú, suspendieron o sacaron una baja nota. Quiero decir, que tienes una capacidad fantástica para reflexionar y escribir. Enhorabuena, Nathalie. Tienes una mente muy interesante. –Los demás me aplaudieron y empecé a reír.
    -Recuerdo que yo saqué en esa prueba un poco más de un siete. –Dijo Hugo.
    -¡Yo un ocho! –Añadió Lili.
    -Yo… No me acuerdo. -Dijo, entre risas, Matt.
    -Tú un seis, Matti, el más bajo de todos. -Le recordó Paola-.  Nathalie va a ser una buena compañía para ti en los estudios, espero que venga más veces. -Me hizo un guiño.

 Estuvimos allí hasta las tres de la tarde. Nunca imaginé que me divertiría tanto en una clase. Había sido una clase de prueba y me hubiera encantado volver a repetir pero, seguramente, los padres de Hugo no podrían pagar clases privadas para dos niños, sería demasiado caro. Aún así, fue una experiencia muy buena. Al salir por la puerta, Hugo les dijo que esa noche estaban invitados a su casa para cenar con nosotros.

 La casa de Lili no estaba muy lejos de la panadería por lo que, Hugo y yo, fuimos andando para contarle las novedades a Bruno. 



Premio EXCELENCIA



jaeltete.blogspot.com.es/, me ha nominado para el premio a la Excelencia, otorgado por un importante blog norteamericano, llamado Querida Kitty.

Comencé a escribir hace cuatro meses en mi blog y, que me hayan nominado, es una gran satisfacción y le doy mi más sincero agradecimiento. El mundo de la escritura se convirtió en un hobby para mí. Pasé de dar consejos largos y reflexivos, a escribir en mi propio blog. Nunca imaginé que tendría tanto éxito, por el gran número de visitas, los comentarios tan positivos que me escribís y el gran apoyo y ánimo que me dais. Un escritor, por muchos textos que escriba, no es nada si no tiene lectores, ya que son los protagonistas de todo esto. Quiero agradeceros a todos vosotros, mis lectores, por ayudarme a avanzar cada día en este mundo.

Este premio me gustaría entregárselo a los blogs que, al leerlos, me han emocionado, me han hecho pensar y me han puesto la piel de gallina. Estas personas deben realizar los siguientes pasos:

1. Incluir foto del premio
2. Mencionar el blog que se lo otorga
3. Entregar el Premio a 15 blogs.

Los nominados, por tener muchísimo talento y un gran futuro por delante, son:

Un millón de gracias por leer mis escritos.