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viernes, 5 de septiembre de 2025

Fuertes e invencibles.

Aún recuerdo aquel momento en el que un gran terremoto paró nuestras vidas en seco, sin embargo, tú mantuviste la calma y respiraste hondo. Un terremoto que no ves venir y arrasa con todo, con tus planes de futuro, contigo. Un temblor constante donde tienes que mantener el equilibrio para no caer al precipicio.

Y es que el cáncer es así, un Stop en tu vida que te detiene para ceder el paso a lo realmente importante, tu salud y tú.

Mamá, te cogí la mano bien fuerte esperando los resultados, sentadas entre esas cuatro paredes blancas de la consulta del hospital. "Cáncer de mama triple negativo, el más agresivo de todos, pero el que mejor responde a la quimioterapia". ¿Hay alguien realmente preparado para escuchar esas palabras? ¿Qué hicimos nosotros? Nos aferramos a la última parte, "el que mejor responde a la quimioterapia", porque somos así. Papá y tú formasteis una familia positiva, luchadora, unida y llena de amor, tejiendo una red de seguridad para sostenernos en los malos momentos.

Gracias a la vida sana que has llevado, tu cuerpo está reaccionando y combatiendo como nunca hubiéramos imaginado, ¡el monstruo se va reduciendo rápidamente! Es cierto que hay días en los que no puedes dormir, no tienes hambre, la comida te sabe mal, la piel se te reseca, tienes fiebre, se te cae el pelo o no quieres mirarte en el espejo. ¿Sabes qué? Sigues siendo hermosa o incluso más. Sí, lo eres, porque tienes unos ojos que siguen brillando, con ganas de comerte el mundo, tu actitud imparable, luchando día a día más por nosotros que por ti pero, aun así, lo haces.

Es triste que a veces no apreciemos los pequeños/grandes detalles hasta que desaparecen, siempre vamos corriendo de un lado para otro, estresados, agobiados. ¡Ey, respira! Dedícate unos minutos de la mañana para darte cuenta que te has podido levantar de la cama, que tu cuerpo te vuelve a dar los buenos días, sano y preparado para lo que venga. Evitemos caer en la rutina y demos gracias por no tener que ir al hospital cada semana, impidamos tener que perder algo para valorarlo.

Por último, gracias mamá por seguir sorprendiéndonos en todo momento, por tu sonrisa a pesar de los problemas, por conseguir soltar tus lágrimas delante nuestra, por pedirnos ayuda cuando la necesitas, por enseñarnos (sin que te des cuenta) cómo hay que surfear el oleaje. Rodearte de personas que realmente te quieren es el mejor salvavidas que uno pueda tener.

También, envío todo mi amor a las que nos miran desde las estrellas, mi apoyo incondicional a las familias que están pasando por este duro proceso y un abrazo infinito a aquellas mujeres que han tocado la campana, el sonido de la esperanza.

Y a ti, cáncer, podrás derrumbar nuestros cimientos, pero volveremos a construirnos desde dentro, fuertes e invencibles.




Tú.

Me asomé a la ventana, eran las nueve y media de la noche cuando el cielo grisáceo amenazaba con lluvia a los viandantes del pueblo. En mi casita sonaba un disco de vinilo que me regalaron mis abuelos. ¿Amante de lo clásico? Por supuesto. Comenzó a llover y todo el mundo huía de un lado para otro, hasta que las calles se quedaron vacías. ¿Qué hice yo? Salí a inspirar el olor a tierra mojada. Las farolas me iluminaban el camino, como si quisieran guiarme hacia algún lugar, así que me dejé llevar. El silencio reinaba, la paz me invadía.

Nunca me detuve a observar la magia que impregnaba cada rincón, supongo que las prisas no nos permitían ver la belleza de nuestro alrededor. Era un pueblo que inspiraría a cualquier escritor en busca de su musa perdida, yo estaba en ello. Algunos me llamarían imprudente o loca por salir sola a la calle de noche, qué sabrán. El miedo nunca había formado parte de mí. Así era yo, libre, valiente e invencible.

Mientras caminaba, pensando en nada y a la vez en todo, un ruido unos metros más adelante interrumpió mi paseo. Me acerqué lentamente para conseguir ver a través de las gotas de lluvia y, de pronto, ahí estabas tú, un perrito asustado, empapado, tiritando de frío. Tú, ese ser que me cambiaría la vida para siempre. Parecías inofensivo, así que me agaché para que mi paraguas consiguiera cubrirnos a ambos. El corazón me dio un vuelco cuando tus ojos me miraron fijamente, tan dentro de mí que incluso llegaste a tocarlo. Lloré, sí. ¿Cómo podía ser que te hubiesen abandonado? Me tranquilicé y te aproximaste más a mí, como si quisieras que te salvara de aquello. Corrimos hacia un soportal para refugiarnos y allí nos quedamos sentados, permitiste que te envolviera entre mi abrigo y el calor de mi cuerpo. Me daba igual la ropa sucia, que tu pelo me mojara el jersey, me daba igual todo. En ese momento empezaste a quererme tan rápido y tan fuerte que yo también te comencé a querer. Las únicas palabras que salieron de mi garganta fueron "yo te cuidaré". Pareció como si me hubieras entendido porque tu cuerpo entró en estado de paz. Las farolas me guiaron hacia ti, estabas en mi camino y yo, sin saberlo, te estaba esperando. Te quedaste dormido dentro de mi abrigo y juro que, en ese pequeño instante, el sol salió sólo para nosotros dos.

Ha pasado un año desde entonces y gracias a ti la musa volvió a mí. Llevaba mucho tiempo con el “bloqueo del escritor”, ese que tantos dolores de cabeza me había traído. No era feliz, mi corazón me pedía algo y yo no le escuchaba. Una vez que lo hiciera, cuando comenzase a ser yo misma de nuevo, conseguiría finalizar mi libro y cumplir por fin mi sueño. Tú hiciste que me volviese a conocer, reencontrar mi camino, mi sentido. Eres mucho más que un simple animal, eres mi guía y protector en esta vida y en todas las que haya. Ahora esta carta te la leo mientras te tengo en mi regazo escuchándome atentamente, con aquel disco de vinilo sonando, el crepitar de la leña en el fuego a nuestra izquierda, la ventana a la derecha y mi libro en la mesita frente a nosotros, tú sales en él.

¿Sabes? Yo te acogí en mi hogar, pero fuiste tú el que me salvó.

Gracias.

 




Entre las calles de la ciudad.

La ciudad despertó, lentamente, con legañas en las ventanas. Sus habitantes tardaron un poco más en bajar de la cama y lo hicieron con la típica crisis de cerebro matutina. Todo parecía correctamente cotidiano y habría sido un día más, sin pena ni gloria, de no ser por una chica que deseaba que aquel día llegara, porque era diferente al resto. 

En un pequeño piso escondido entre las calles de la ciudad, vivía una joven peculiar y hermosa, caracterizada por su permanente sonrisa y su bonito aspecto. Aún sin haberse despertado, ya estaba sonriendo. Sus ojos se abrieron, quejándose por la luz del sol que iba entrando a través de las cortinas. Era verano, por lo que tenía las ventanas abiertas, y ya escuchaba la melodía de los pájaros junto con el ruido de algún que otro coche con prisas. Miró la hora en su reloj, situado en la mesita de noche. Las agujas de este le dijeron que eran las nueve. Cogió su móvil y, como todas las mañanas, le escribió un "buenos días, amor" a su pareja. Aquello era una rutina de la que jamás se había cansado. Esperando su respuesta, fue a prepararse un Cola Cao. No era la típica chica a la que le gustaban los cafés matutinos, sino que seguía siendo aquella niña que adoraba el sabor a leche con chocolate y galletas. De pequeña todos los chicos le invitaban a un café y los rechazaba, hasta que llegó un día en el que un joven le invitó a un Cola Cao y aceptó. Desde aquel momento hasta esa mañana, habían pasado ya seis maravillosos años de pareja. Una pequeña vibración en su móvil la detuvo y leyó. Se trataba del "buenos días, princesa" de su novio, aunque esta vez continuó un poco más añadiendo: "no desayunes y abre la puerta. Hay alguien esperando con impaciencia para darte un beso con sabor a chocolate". Emocionada y con una sonrisa de oreja a oreja, fue corriendo hacia la puerta. No le dio tiempo a abrirla del todo cuando se encontró con su chico y un "te he echado de menos" dicho a través de un beso apasionado, dejándole sin respiración. Le invitó a pasar a la cocina y, disimuladamente, se fue al baño para mirarse en el largo espejo. Se hizo un moño rápidamente, aunque era de ese tipo de chicas que cualquier peinado le quedaba bien. Se lavó la cara, se pintó una ligera raya negra en los ojos y salió. Él se encontraba colocando en la pequeña mesa su desayuno. Sin esperarlo, este le tapó los ojos con un pañuelo negro. "¡Pero si ya he visto lo que has puesto en la mesa!", decía ella riéndose, pero él le dijo que no lo había visto todo. La sentó cuidadosamente en el sofá y la observó en silencio. Iba vestida con una camisa larga de manga corta que le llegaba por encima de las rodillas, dejándole apreciar la belleza de sus largas y suaves piernas. Algún que otro mechón de pelo, color negro azabache, se le escapaba del recogido y aún así estaba atractiva. 

Tras un breve silencio, él le confesó que iban a desayunar más tarde. Se levantó del sofá y le dijo que se quitara el pañuelo. Obedeció y lo vio allí, con una rodilla apoyada en el suelo y una mano sosteniendo una pequeña cajita cuadrada. Él añadió: "No has visto todo, no has visto esto. ¿Quieres casarte conmigo?" La abrió y mostró un precioso anillo. Se quedó inmóvil, esperando alguna respuesta. Nervioso, continuó: "Ya sé que no estamos en un restaurante, que no nos encontramos a la luz de la luna llena o bajo las estrellas, ni que mi ropa es la más elegante para pedírtelo, pero...". "Pero te quiero y no me importa nada, ni el lugar, ni la ropa, porque este momento es precioso por ti, porque tú lo haces especial. Y... ¿Se me olvida decir algo?", dijo ella cortándole y terminando su frase, sabiendo la respuesta. "Espero que sean esas dos palabras que me cambiarán la vida por completo y que me convertirán en el hombre más feliz del planeta", respondió ilusionado. Ella, con lágrimas asomándose por sus ojos, contestó: "No sé ni por qué hago como que lo pienso. Siempre he deseado este momento. Sí, quiero".

En un pequeño piso escondido entre las calles de la ciudad, dos personas enamoradas cumplieron su sueño.






miércoles, 18 de octubre de 2017

Encontrará el suyo.

Siente los pies fríos, sonríe. Se levanta, coge unos calcetines largos y espera a que su calor haga efecto. Mientras, se pone esa sudadera vieja con recuerdos en cada hilo.
Le gusta volver a la calidez de su hogar tras dar un paseo bajo la lluvia. Le gusta no tener prisa, relajarse con el sonido de las gotas en su paraguas e inspirar el olor a tierra mojada que pocas veces las personas se paran a disfrutar de verdad. Le gusta renacer bajo la lluvia, libre, riendo porque sí y por qué no. 
Encuentra belleza en estos días. Se sienta frente a la ventana con una café caliente entre sus manos y se promete que hará lo posible para sentirse siempre como en ese momento. Porque sabe que después del frío será más confortable el calor. Porque a pesar de las mil tormentas por las que ha pasado no temerá abrir el paraguas y seguir caminando. Porque sabe que después de un día lluvioso siempre aparecerá un arco iris en alguna parte. Y ella encontrará el suyo.


lunes, 5 de junio de 2017

La cima de su interior.

Ella sólo desea ser feliz, sin temor a desvestir su alma ante alguien, entrenándose durante años para esos momentos en los que una nunca está preparada. Situaciones en las que en un abrir y cerrar de ojos pueden abrazarle bien fuerte el corazón, sintiéndose plena, o bien recibir otra decepción, pero esta vez sin escudos, sin dolor permanente.
Ella sólo desea ser feliz, dejando atrás a las personas que no merecen estar en su vida y dando la bienvenida a las que son difíciles de encontrar, pero se hacen un hueco infinito en su corazón.
Ella sólo desea ser feliz, comprendiendo que el primer paso debe darlo ante el espejo. Ese reflejo al que nunca le sonreía porque, a veces, se desconocían mutuamente sintiéndose extrañas. Sin embargo, ahora no existen mejores amigas, sus manos se han entrelazado para no permitirse dejar caer nunca.
Y es que ha comprendido que la felicidad, resistencia y fortaleza tiene que conseguirlas por ella misma. Ella siempre será su primer y último amor. Cuanto más desnuda se siente más fuerte es, su piel ahora cicatriza a doble velocidad. Cuando menos tiene, es cuando más da. Cuanto más sonríe, más feliz es. 
Cada vez que escala en su interior y consigue llegar a la cima, es cuando más eterna se siente. Respira hondo, graba esa sensación y coloca su propia bandera. Nunca se olvidará de lo alto que es capaz de llegar cada día.


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domingo, 23 de abril de 2017

Mi Yo del futuro.

 Hace tiempo que no hablo conmigo misma, que no me paro a pensar en mi vida. Ha sido tan fugaz que no he sido consciente de los detalles, como cuando vas a ver un espectáculo y hay tantas cosas que observar que al final no te fijas realmente bien en nada. Por primera vez respiro profundamente y me concentro en mí. El tiempo ha dejado en mi memoria los recuerdos más bonitos y guardado los más duros y difíciles para no olvidar su importancia. Todo es necesario para poder seguir avanzando, los momentos buenos y malos, los aciertos y errores, los amores y rupturas. De todo se aprende y te hace ser quien eres hoy en día. Todo me ha ido guiando por un camino en el que, sin darme cuenta, es por donde realmente siempre he querido ir. No tengo ninguna meta, tengo pequeños retos que a veces se cumplen y otras no, pero eso me hace ir a por otros nuevos. Lo bonito de pararse por unos instantes a charlar con uno mismo, es que te vuelves a conocer otra vez. Sé que si alguien me pregunta sobre mi vida, puede que no sepa darle la respuesta exacta pero sí sé que sonreiría y no hay nada mejor que ser feliz por la vida que he ido llevando.
 Para mi Yo del futuro quiero decirte que nunca te rindas, aprovecha cada oportunidad que se te presente, olvida el miedo y atrévete. Baila, disfruta de la melodía que sólo tú puedes escuchar, vive sin ritmo ni coordinación, crea tu propio estilo de vida. Lo más importante, nunca olvides a tu Yo del pasado, del presente y de tu día a día, los cuales hacen una suma de lo que eres. Sé tú misma y quiérete.
Detente, observa el espectáculo y fíjate bien en los detalles, en tus detalles.



domingo, 16 de abril de 2017

Cara a cara.

Siempre había sido una chica con miedo. Miedo a hacer el ridículo, al qué dirán, al cambio o la soledad. Toda su vida había intentado huir de él pero al final la alcanzaba y se apoderaba de ella. De pronto, todo cambió cuando su mente le dijo "dale miedo al miedo". Dejó de correr, de huir, enfrentándose a él cara a cara. Este, asustado, ya no la reconocía, ya no era esa chica frágil a la que podía manejar. Ya no tenía un escudo contra el mundo ni contra ella misma, su alma y mente le rechazaban impidiéndole entrar. Al final, el miedo fue vencido por su valiente mirada y se giró para marcharse. Detrás de él había alguien esperando, su eterna rival: la felicidad. Por fin le dejó paso para entrar en su vida. Por fin le dejó paso para llenarla de luz.

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miércoles, 22 de marzo de 2017

Después no habrá tiempo.

Mira a través de la ventana. La vida ha pasado más rápido de lo que ha sido capaz de asimilar, pero nunca le ha faltado cariño ni personas a las que querer. Las arrugas le adornan la piel, símbolo de miles de historias, sonrisas y años quizás no tan vividos como le hubiese gustado. Siente cómo se le encoge el corazón al notar el paso del tiempo  y tan pocos momentos en los que se sintió viva de verdad. Las personas que observa a través del cristal andan deprisa, cruzan los semáforos en rojo por ahorrar unos segundos de su ajetreado tiempo, caminan mirando las pantallas de los móviles sin mirarse a los ojos o están serias, perdidas en a saber qué mundo. "Vaya idiotas", dice, "viven los años pensando en el futuro y cuando lleguen a ese futuro sólo pensarán en el pasado. No sabemos vivir". Sin embargo, quiere hacer lo que hace tiempo no hizo. Ser plenamente feliz. Sin pensarlo más utiliza un labial rojo, se viste con una falda hasta las rodillas y una camiseta de color vivo, sin importar las imperfecciones de su piel. Al abrir la puerta el sol le acaricia, dando la bienvenida a su nueva historia. Comienza por dejarse llevar hacia unas canciones que se escuchan cerca de su casa. Cuando llega al lugar se pone a bailar en la calle, con el ritmo que su edad le permite, delante de aquellos músicos. La gente al principio se sorprende, otros sonríen observándola y otros hacen grabaciones de ese espectáculo tan peculiar. Ella invita a bailar a los de su alrededor pero todos se niegan por vergüenza, por miedo a hacer el ridículo o por el qué dirán, aunque les encantaría hacerlo. Cuando termina se marcha entre vitoreos, sorprendiéndose de que lo que ella había hecho fuese algo tan inusual. "Si no vivimos, si no nos dejamos llevar, si no hacemos el tonto ahora cuándo lo haremos. Después no habrá tiempo".

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domingo, 19 de marzo de 2017

Despertar.

Las luces que adornaban esa noche hacían aquel momento más romántico. Iban cogidos de la mano, enamorados perdidamente. Él le compró un algodón de azúcar de su color preferido, lanzaba bolas para que su amada tuviera el mejor peluche del aquel puesto, bailaban pegados al ritmo de la música que tenían en sus mentes. El tiovivo giraba con ellos y se volvían a convertir en niños pequeños, sin miedos ni preocupaciones. Veían la ciudad desde lo más alto de la noria, regalándole besos eternos al recuerdo. Le bajó la luna y las estrellas para que nunca le faltara brillo a su vida. Eran felices juntos, no podían imaginarse un futuro el uno sin el otro. Toda su historia parecía una película de Hollywood y estaban encantados de ser los protagonistas. Amor, risas, abrazos, bailes lentos, besos, noches y amaneceres.
De pronto el despertador suena y lo apaga inmediatamente, exaltada. Mira a su alrededor, suspira de alivio y sonríe. "Menos mal, sólo ha sido una horrible pesadilla".

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miércoles, 22 de febrero de 2017

Sueños al alba.

De pequeña había creído que su lugar estaba en el mar. Vivían en una pequeña casita cercana a una cala. Era muy acogedora, transparente, desconocida por los demás y silenciosa. Algunas tardes aquel silencio se rompía con su risa, acompañada de la de sus padres. Desde su habitación, el sonido de las olas le atraían como si fuese una llamada de emergencia, a la que siempre hay que acudir. Los minúsculos granos de arena, escondiéndose entre su largo pelo, la acompañaban hasta su casa recordándole lo mágico de aquel día. Cuando se adentraba en el mar el agua bailaba con ella y los amaneceres... Noches en las que se rindieron al sueño a los pies de la orilla y despertaban con un espectáculo de colores allá arriba, superando la realidad a cualquier fotografía o cuadro que intentara imitar aquella escena. Tristemente, años más tarde, tuvieron que marcharse a la ciudad, llevando consigo ese trocito de vida en un tarro de cristal lleno de arena y conchas. Tantas tardes, noches y amaneceres encerrados en ese frasco, temiendo abrir la tapa por si aquellos momentos tan felices se escapaban. Aún así seguía escuchando el mar en su cabeza, las gaviotas y las risas que se producían de pura felicidad. 
Ella sabía que la vida era un largo recorrido en el que uno no siempre puede quedarse en el lugar que ama. Sin embargo era feliz porque, sus recuerdos y su renacer en cada uno de aquellos amaneceres al abrir los ojos, permanecerían eternamente. Era feliz porque siempre podría visitar aquel paraíso en cualquier momento, en sus sueños, al alba.

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martes, 14 de febrero de 2017

Ella sola.

 No se siente sola, sino feliz. Por primera vez no aparece un atisbo de tristeza o melancolía al observar a esas parejas enamoradas, o eso aparentan. Se siente guapa, acompañada, rodeada por la gente que le importa, radiante y preparada para cualquier sorpresa que le traiga la vida.
 En el día de San Valentín todos le hablan del amor, la felicidad en pareja, los regalos minuciosamente pensados, los besos. Otros le dicen que es un día más de la semana, un 14 de Febrero donde demuestran el mismo cariño que el resto del año, sin sentirse obligados a regalar algo porque la fecha lo imponga. Que las muestras de amor deberían ser eternas, infinitas e inesperadas.
 Sin embargo, ella podría hablarles sobre la soltería. De lo mágico que es estar en compañía de uno mismo, el poder crecer personalmente, conocerse, madurar un poquito o sobre la importancia de aprender de los errores y aciertos. No se cerrará nunca al amor, bienvenido sea, pero tampoco lo buscará para poder sobrevivir.
 Ella sola desenredará su lengua para que ningún trabalenguas pueda entorpecerle las palabras.
Ella sola luchará contra los monstruos de su cabeza.
Ella sola saldrá de cualquier agujero o trampa.
Ella sola irá marcando el ritmo de su corazón.
Ella sola ha encontrado la manera de ser feliz.

Qué bonito es que le abracen, pero más bonito es que se abrace ella por dentro.

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viernes, 10 de febrero de 2017

Al abrir los ojos.

Abre los ojos, apaga el despertador automáticamente y de un salto se levanta de la cama, deseando que amaneciera para comenzar el día. No va a suceder nada especial, destacado, simplemente es un nuevo día. Se pone un jersey largo y ancho, unos calcetines altos y unas zapatillas de casa. Las nubes de anoche han dado paso a un cielo totalmente despejado. Se prepara un café y, mientras se calienta, se coloca en la silla de la cocina abriendo su agenda de propósitos diarios, pequeños retos personales. En ella escribió su propio lema: "Hoy va a ser un gran día. Hoy ha sido un gran día". No importa cómo transcurriesen las horas, ese sería siempre su primer y último pensamiento. Su mascota, Salem, el gato más mimoso del mundo, salta como si fuese una pluma cayendo en las piernas de su dueña, dándole los buenos días. Felicidad. No hay nada como comenzar la mañana siendo feliz, porque sí, porque lo aprendió de los consejos de alguien especial. Le quita el tapón al bolígrafo y empieza a escribir lo que hará después, cosas que le hacen sentir bien:

Viernes, 10 de Enero de 2017
- Salir a correr
- Darle mucho cariño a Salem
- Dar el 100% en el trabajo
- Leer hasta el capítulo 12
- Respirar aire fresco

- Ver a Kate
- Hacer el tonto

- Película, palomitas y sofá.
NOTA: ¡Hoy va a ser un gran día!

Objetivos que poder cumplir, tachándolos al final del día y sintiéndose satisfecha. Así en cada página de su agenda, de su vida, conseguía lo que se proponía. El sonido del microondas la saca de sus pensamientos y, con Salem en brazos, saca con cuidado el café.

Alguien especial le dijo una frase que encendió la chispa para ser feliz durante el laberinto de su vida, simbolizada en una agenda infinita: "no esperes al 1 de Enero para que tu vida pueda comenzar de nuevo. Simplemente no esperes. Haz que cada mañana, al abrir los ojos, sea una nueva oportunidad para hacerlo".

domingo, 29 de enero de 2017

Siempre agradecida.

 "De esta manera habíamos avanzado como por una media milla, y ya casi tocamos al borde de la meseta cuando el hombre que caminaba más alejado hacia nuestra izquierda comenzó a gritar con todas sus fuerzas, con un marcado acento de terror. Una vez y otra llamaba a sus compañeros, y ya éstos comenzaban a correr hacia él...”.

 Me detengo, de pronto, recordando la tarde en la que abrí por primera vez las tapas de este libro de Louis Stevenson. Los dos, sentados en el sofá, comenzamos a leer nuestras obras, cada uno dentro de mundos diferentes pero sabiendo que estábamos juntos. El tic tac del reloj iba enmudeciéndose cada vez que la historia se hacía más interesante, pero volvía a aparecer cuando no podíamos aguantarnos las ganas de darnos un beso. La manta nos tapaba hasta el cuello, el frío hacía que nos uniésemos más y que los pies no pudiesen dejar de jugar.
 Y es que hay momentos inolvidables gracias a las personas con las que los compartimos. Podíamos estar paseando por la ciudad, viendo una película, la televisión o estar en un sofá leyendo un libro, que si él estaba a mi lado cualquier momento se convertía en un capítulo apasionante. Sin embargo, la vida tuvo otros planes para nosotros y separó nuestros caminos, teníamos diferentes destinos. Nos hicieron falta varias despedidas para saber cuándo era la definitiva. Aún así no hay nada tan pleno como recordarlo todo con una sonrisa. Sonrío por cada risa compartida, por aquellos viajes improvisados explorando rincones del mundo, por los desayunos preparados en la mesa al despertar, por los detalles que no merecía y por hacer de aquella historia una aventura inolvidable.

 Abro de nuevo mi libro y continúo la lectura pero sabiendo que, si un recuerdo me hace sonreír, le estaré eternamente agradecida al protagonista.

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jueves, 26 de enero de 2017

Chica sensación.

Ella era la chica a la que le gustaba pasear sus dedos sobre las teclas del piano, también sobre los diferentes tejidos de la ropa que veía, sobre todo, los más suaves, teclear en una antigua máquina de escribir para escuchar su sonido o hundir sus pies bajo la arena de la playa.
Resultado de imagen de pasear dedos sobre piano tumblr gifLe encantaba abrir libros y pasar rápidamente sus hojas para recibir ese olor tan único. Cerraba sus ojos al inspirar el olor a tierra mojada, a pan recién hecho, el perfume que tantos recuerdos le traía, al llenar sus pulmones de aire puro, de mar.
Resultado de imagen de oler olor de libro tumblr gifElla era la chica que adoraba ver a las personas sonreír sin motivos, los paisajes bonitos, llegar a lo más oscuro para iluminarse con el brillo de miles de estrellas u observar las carreras de gotas que se producían en el cristal los días de lluvia.
Bonito era notar las sensaciones que le producían una canción desconocida, un abrazo tan fuerte que le recomponía por dentro, las aventuras de una persona nueva que entraba en su vida, el amor incondicional que le regalaba su mascota, el final de un libro, de una película, bailar como si nadie la estuviese mirando, de las que no importaba cuantas veces le rompiesen el corazón, ella seguiría creyendo en el amor y escribía más de lo que hablaba.
Resultado de imagen de carrera de gotas de lluvia tumblr gifDegustaba cada alimento despacio, daba cada beso como si fuese el último, saboreaba el placer de vivir de verdad.

Veía a su alrededor personas grises, rutinarias, cansadas, estresadas. No se paraban a detectar los pequeños detalles que se les iban presentando durante el día y que podían hacerles un poquito más felices. Sin embargo, ella era diferente, vivía cada instante con sus cinco sentidos.
Era una chica sentimiento, una chica sensación.
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miércoles, 11 de enero de 2017

Un misterio lleno de luz.

Cada puesta de sol tenía sus melodías de fondo, sonando en las orillas del río Sena. Una sonriente parisina de cabello blanco tocaba siempre su preciado violín, aquel que tantos años la acompañó en los mejores momentos de su larga vida. Lo que más llamaba la atención de los transeúntes era no encontrar nunca el estuche del violín para poder dejarle dinero. Solamente la encontraban a ella sintiendo su música, mirando hacia la Torre Eiffel, enamorada de vivir un día más. Llevaba tanto tiempo en ese lugar que su presencia era ya querida por todos, algunos se sentaban a admirarla y otros, a los que les faltaban horas en su día a día, andaban un poco más despacio para escucharla y revivir aquellos momentos de paz que alguna vez tuvieron. Nadie había conseguido saber nada sobre su pasado, los motivos que le hacían estar allí cada atardecer, su historia. Simplemente, a su hora, se despedía con una enorme sonrisa agradeciendo la presencia de los que la rodeaban y se marchaba.
Ella era un misterio lleno de luz donde lo importante no era descubrir la respuesta, sino dejarse llevar por la magia que sus cuerdas creaban.

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jueves, 13 de octubre de 2016

La ventana de un tren.

Lentamente el vaho va expandiéndose sobre la ventana del tren. El exterior se vuelve difuso, sólo adivino las siluetas de los edificios. De pronto veo a alguien observándome, me sorprendo, no me lo esperaba. Yo también le miro sin miedos ni vergüenza, incluso con un poco de atrevimiento. Hacía tiempo que no le veía, que no me detenía a pensar cómo le iría la vida, que no le miraba de verdad. Qué difícil es hacerlo. Tengo tantas preguntas; si ha luchado por lo que quería, si ha cumplido lo que un día prometió, si ha encontrado ese amor con el que soñaba en su juventud, si es feliz. Inconscientemente sonrío y me pongo los auriculares. La música suena y le sigo observando, sé las respuestas aunque él no me diga nada y me hace feliz. Es mi reflejo ese conocido lejano que ha crecido, madurado, amado y soñado tan rápido que no se ha dado cuenta. Nuestros ojos se empañan levemente y le doy la contestación que no se atrevía a darme. Dibujo con el dedo un " Sí :) " sobre él, un sí fuerte, radiante y sincero.
Y es que no hay mayor verdad que la que se dicen los ojos cuando se miran... En la ventana de un tren. 


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miércoles, 8 de julio de 2015

Piedras al mar.

El sonido del mar la envolvía. Las gaviotas volaban de aquí para allá. Inspiraba lenta y profundamente aquel aire tan puro que le iba llenando los pulmones.

Paseaba suavemente sus dedos por la arena, dibujando finas líneas que terminaban creando un dibujo, aunque no lo miró. Se encontraba absuelta en otro mundo, perdida en un mar de problemas que poco a poco le fueron ahogando y, en ese instante, quiso terminar con aquelllo. Cogió un bolígrafo que llevaba en su mochila, trozos de papel y gomas elásticas. Había ido allí para sacarse los problemas de dentro. Jamás había utilizado aquel remedio que su abuela le dijo cuando era una cría y, aunque nunca había creído en esas cosas, decidió que era el momento de probar. Puso un trozo de papel sobre una piedra mediana y escribió su mayor angustia, atándolo con un par de gomas para que no se escapase y la tiró con fuerza al mar. Fue realizando este proceso hasta que su corazón, sorprendentemente, se sintió libre por completo. Sentía cómo el mar se llevaría la tinta escrita en cada papel y, con ello, cada uno de sus problemas. Sin pensarlo, se tiró de cabeza al agua y flotó, sonriendo por primera vez tras mucho tiempo.

Su abuela tenia razón, podía flotar y sonreír por encima de sus problemas y preocupaciones consiguiendo, al fin, que nunca la alcanzasen de nuevo.

viernes, 16 de enero de 2015

Los secretos de Granada.

Es de noche. La gente camina, habla y ríe sin saber que te estoy esperando.

Me encuentro delante de la Fuente de las Batallas, en nuestro banco de madera, un poco desgastado por el paso del tiempo y por todas las personas que se han sentado en él. Esta fuente fue testigo de nuestro primer beso, del segundo, del tercero y de todos los demás. Tiene esa magia en sus aguas que hace que todo lo de su alrededor se embellezca. Contemplo mi entorno. Parejas de ancianos la observan y se miran a los ojos, diciéndolo todo a través de sus arrugadas y bellas manos unidas. Personas extranjeras se fotografían ante ella, para tener un bonito recuerdo de su paso por Granada. Miro el reloj, faltan cinco minutos para tu llegada, quizás seis o siete, ya que te gusta estar apuesto para mí. Me encanta llegar antes que tú para respirar este aire fresco, relajarme y pensar. Soy una chica de lo más soñadora. Adoro ver a la gente pasar e imaginar durante segundos sus nombres y vidas. Quizás acierte, quizás no, pero nunca lo sabré. Puede que cuando me miren también se imaginen la mía. Me gustaría decirles que soy muy afortunada. No soy rica, no tengo un lujoso coche o una enorme casa. Tengo una familia que se esfuerza al máximo para que no me falte de nada. Aunque la situación económica no esté en sus mejores momentos, ellos me conceden algún que otro capricho. Tengo amigos verdaderos, una sonrisa permanente en el rostro que jamás se borrará y te tengo a ti. Creo que no podría pedir nada más.

Esta ciudad, que ha sido testigo de tantas anécdotas, despedidas, risas o lágrimas, me ha hecho apreciar los pequeños detalles. Hace algunos años, cuando tú y yo caminábamos juntos por el Paseo de los Tristes, nos deteníamos para observar a los patos que se encontraban en el río Darro. Algunos nadaban y otros descansaban, pero siempre estaba el mismo anciano a la misma hora echándoles trozos de pan, que lentamente caían al agua. Me encantaba pasar por allí y verlo sonreír cada vez que los patos empezaban a comer, agradecidos. El tiempo pasó y no volví a ver a aquel anciano ni a las aves, que le acompañaron en su eterna ausencia. Ahora el solitario río corre silencioso a los pies del paisaje. Recuerdo a un pintor que se sentaba allí en los atardeceres. Se llevaba una silla simple y cómoda, se ponía a la distancia justa para fotografiar con sus ojos lo que veía ante sí y, con su lienzo y pincel, creaba maravillas. Lo que más me llamó la atención era que en la mayoría de sus cuadros aparecía la Alhambra, ya fuese en un tamaño grande, lejano, visible o apreciable. También nos parábamos a observar más pinturas finalizadas que tenía en el suelo, en forma de escaparate. En una de ellas reconocí el precioso Mirador de San Nicolás, con Sierra Nevada como telón de fondo acompañada de un bello atardecer. Colores rojos, anaranjados, blancos, marrones o azules se fundían en un solo lienzo. Tal vez no fuese un pintor famoso pero, sin duda, sabía reflejar en sus cuadros los panoramas más bonitos de Granada.

Ya te veo llegar. Mis recuerdos se disipan y dejan paso a una radiante sonrisa, la cual se refleja al instante en tu rostro. Gracias, tú me has enseñado los preciosos lugares de la ciudad. Tú me has revelado los secretos de Granada.



viernes, 19 de diciembre de 2014

Una última canción que bailar.

 Esa noche salió la luna llena. Ella no temía escuchar los escalofriantes aullidos de los lobos, que dibujaban sus hermosas siluetas en ella, sino que temía que él no acudiera al baile de fin de curso. Ese chico que tantos insomnios le había causado, que tantos suspiros le había robado y el que había hecho que soñara despierta cada día y cada noche. Aquella noche era especial, ya que iba a declararle lo que sentía. No estaba segura de si él asistiría ya que, según decía él, no le gustaban demasiado los bailes, pero lo que ella sabía era que lo que realmente no soportaba eran las despedidas. Ella odiaba saber que en esa sala de baile sería la última vez que vería a sus compañeros, que los caminos de cada uno girarían hacia un lado diferente y que las promesas, dichas en el momento entre lágrimas y abrazos, nunca se cumplirían en el futuro. Sin embargo, lo que él odiaba era tener que marcharse al día siguiente a otra ciudad con su familia y no volver a verla, a ella, a esa chica que siempre le había hecho sentir especial y único. Se sentó a la espera, con el vestido blanco más bonito que nadie vio, en un banco exterior de mármol. El viento ondeaba su largo cabello dorado y sus ojos verdes buscaban, cada vez con menos esperanzas, a quien había conquistado su corazón.

 Días antes del baile de fin de curso, pasearon juntos por las calles de la ciudad, como cada tarde hacían, y ella aún no tenía el vestido ni los zapatos. Cuando pasaron por delante de un escaparate, se detuvo ante la belleza de unos caros tacones blancos, parecidos a los de los cuentos de princesas. No sabía por qué, pero su favorito siempre había sido el de la Cenicienta, tal vez porque se sintiera identificada. Él también los observó pero ella decidió pasar de largo, algo triste porque no tenía tanto dinero para todo lo que necesitaba. Su familia estaba pasando por un mal momento económico y no podía permitirse demasiados caprichos. Tenía pensado llevar puesto alguno de los atuendos de su armario, aunque no eran especialmente elegantes para la ocasión pero no le importaba. El día anterior al baile, por la noche, ella estaba en su habitación cuando su madre la llamó con prisas desde el salón. Aturdida, bajó corriendo las escaleras y la vio sentada en el sofá con un gran paquete envuelto entre las manos. Su madre lo había encontrado minutos antes en la puerta de la casa con una pequeña nota, la cual debía ser abierta por su hija. Antes de abrir el misterioso regalo, rasgó el sobre y reconoció la letra al instante. Era de él. En la pequeña carta decía: “Un obsequio digno para la Cenicienta. De parte, no de un príncipe, sino de un personaje cobarde que nunca se ha atrevido a colocarle el zapato de cristal”. Algo confundida y emocionada, rompió el papel con delicadeza y se encontraba ante un precioso vestido blanco y unos tacones del mismo color, aquellos que vieron en el escaparate. No sabía si llorar o gritar de la emoción, no tanto por el regalo, sino porque esas veintiocho palabras lo significaron todo para ella. Significó un arrebato de valentía, de arriesgarse, de darlo todo por él dejando atrás el miedo y de declararse al día siguiente. 

 Algo cansada por la espera, decidió volver a casa. Sus pasos eran lentos e indecisos. La luna le iluminaba el camino, acompañándola en la soledad. De pronto, escuchó otros pasos que no eran los suyos acercándose hacia ella. Sin mirar atrás aceleró nerviosa, hasta que alguien le tocó el hombro y se giró para defenderse. Al ver su rostro se detuvo, era él.
    -¡Tranquila, soy yo! Perdona, no quería asustarte.
    -¿Qué haces aquí? –Dijo con una mezcla de miedo, alegría y esperanza.
    -Ahora te explico. ¿Ya te ibas? Te acompaño. Estás… Estás realmente preciosa.

 Por el camino le contó a la chica la causa de su tardanza, sobre el ajetreado viaje que le esperaba al día siguiente. Al verle tan emocionado, aunque fue una dura elección, decidió no complicar las cosas y dejar que se marchara, feliz como él siempre lo había sido. No podía ser egoísta, no quería que tuviera que elegir entre ella o el viaje, no era justo. Caminaban abrazados, rememorando el pasado que tuvieron juntos y riéndose a carcajadas como si el día de mañana no existiera, ignorando que estaban locos el uno por el otro. A mitad del paseo ella le detuvo.
    -Eh, espera, ¡no hemos bailado! –Dijo con un tono de sorpresa.
Él se rió y añadió:
    -Está bien, de acuerdo. ¿Me concede el honor de realizar nuestro penúltimo baile? –Respondió haciendo una reverencia.
    -¿Penúltimo? Creía que este era el último.
    -No, te equivocas. Siempre nos quedará una última canción que bailar.

 Así fue como, bajo la luna llena y un baile, la triste realidad se antepuso entre ellos, pero siempre les quedaría esa última melodía que bailar.


domingo, 14 de septiembre de 2014

La única manera de llegar al cielo.

Llaman a la puerta y eres tú. Hacía muchísimo tiempo que no te veía o te abrazaba, pero no me dices nada, sólo me sonríes y tiendes la mano. No sé muy bien a dónde me llevas pero me dejo guiar por ti. Me tapas los ojos y, cuando los abro, estamos en ese lugar que siempre he soñado ir desde pequeña. Ese lugar que tantas y tantas veces te pedí visitar pero no pudimos, nos faltó tiempo. Emocionada, me pongo a saltar de alegría y te vuelvo a abrazar. Respiro tu peculiar perfume, ya un poco olvidado por el paso del tiempo pero imborrable. Te miro a los ojos y permanece ese brillo que siempre has tenido. Tu sonrisa aparece, haciéndome sentir que nada ha cambiado, que aunque tuviste que marcharte nos seguimos queriendo y que nunca nos hemos olvidado. Porque la ausencia no hace el olvido, ni el olvido supera a los recuerdos. Suena nuestra canción favorita y, esta vez, soy yo la que te tiende la mano para bailar. Algunos que otros pisotones se enredan entre la melodía al principio, pero poco a poco nos vamos convirtiendo en dos profesionales que se han olvidado del mundo y se dejan llevar el uno por el otro. Echo la cabeza hacia atrás, disfrutando de este momento, mientras giramos y giramos hasta soltarnos de la mano y caer al vacío. No siento dolor, no hay herida… Pero ya no veo nada, todo está oscuro, no te veo.

Despierto sobresaltada en mi cama, con un remolino de sentimientos; feliz porque te he vuelto a ver pero triste porque te has vuelto a marchar. Un bonito sueño con un triste despertar. Vuelvo a tumbarme y cierro los ojos con fuerza, apretando los puños bajo la almohada para sentirte cerca otra vez pero no funciona. Desisto y miro hacia el techo, como si pudiera darme alguna solución. Está alto, intocable desde el suelo, pero si cojo unas escaleras o me subo encima de la cama y empiezo a saltar cada vez más alto, conseguiré tocarlo con la punta de los dedos. Si quiero ver a esa persona que está en el cielo, me dejaré sorprender. Puede que por la noche consiga verle si lo deseo con todo mi corazón, porque sólo cuando alguien se va allí arriba se sabe lo que significa el amor verdadero. Al cielo no puedo llegar con unas escaleras o saltando con todas mis fuerzas, pero sé un secreto. El secreto es que la única manera de llegar al cielo, sin tener que morir, es soñando.