Los soñadores necesitan a los realistas para evitar que vuelen demasiado cerca del sol. Los realistas, sin los soñadores, no despegarían jamás.
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martes, 11 de marzo de 2014
lunes, 10 de marzo de 2014
martes, 4 de marzo de 2014
Capítulo 28: La última hoja de mi libreta.
Cinco años han pasado ya, parece
increíble. Adoro la rutina que siempre he tenido. Todas las mañanas voy a
clases de canto con Hugo y, al terminar, recibimos clases en casa de Lili. Por
las tardes, nos ponemos a interpretar las canciones al lado de José, para
alegrarle un poquito la tarde y para que no se sienta sólo. Aunque lo he
intentado, pero no he encontrado a nadie, aún le mantengo la promesa que hace
tanto tiempo le hice. Después de pasar un rato en el parque, me vengo a este
almacén donde, poco a poco, Bruno me va añadiendo muebles y un decorado más
apropiado.
La razón por la que empecé a
escribir aquí, fue porque necesitaba un espacio que me recordara a mi pasado;
silencioso, solitario, viejo y vacío. Resultaba que este almacén pertenecía a
Bruno y, las personas que un día vi salir de este lugar, se lo alquilaron para
guardar las cosas de su negocio. Cuando se marcharon y pasó un tiempo, Bruno
sabía que necesitaba un espacio sólo para mí y me dio la llave del almacén. Cada
vez que terminaba de escribirte mis novedades, salía de aquí y volvía a casa
andando, sin importarme que estuviera anocheciendo o el tiempo que tardase en
llegar. Siempre me ha gustado caminar tranquilamente, pensando en cómo me ha
ido cambiando la vida a mejor y en las decisiones que me han llevado hasta
donde estoy, sin arrepentirme de ninguna. Al llegar a casa, todos me recibían
con una sonrisa enorme e imborrable. Me pasaba los días riendo o llorando de la
risa. Todos los pensamientos tan malos que tenía sobre las familias, cuando era
pequeña, desaparecieron al conocerles.
Esta es la última página de mi
vieja libreta. Próximamente, compraré otra con más hojas y más moderna, donde
ya no te hablaré de mi pasado, sino de lo que me pasará a partir de ahora. No
es el fin, es un “hasta pronto”. En el hueco que me queda de la hoja, ya que
sabes quién es Hugo, voy a retomar la conversación que he tenido con él y que
no finalicé, escrita algunas páginas atrás.
¿Y ahora qué puedo hacer? De pronto,
llaman con fuerza a la puerta del almacén. Me sobresalto y doy un pequeño
grito. ¿Quién será? Me dirijo a la puerta y abro.
-¡Hola Nathalie!
¿Cómo estás?
-¡Hola Hugo! Qué
alegría me da siempre verte.
Me quedo sorprendida y le doy un gran
abrazo.
-¿Cómo vas con
tu historia? –Me pregunta intrigado-. Aún no nos has dicho sobre quién o qué
trata. Espero que algún día nos dejes leerla.
-Es una
historia muy cercana. Estoy segura de que, cuando la leas, los personajes los
conocerás de algo. –Le digo entre risas-. Tienes suerte porque, justamente
ahora, la acabo de terminar e iba a ir hacia casa. ¿Vienes a hacerme una
visita?
-No, vengo a
recogerte. ¡Qué alegría! Por fin. Entonces quiero que la leas en el coche.
-¿En el coche?
Son las siete de la tarde. Si Bruno está en la panadería. ¿Viene Emma? ¿A dónde
vamos? –Esto me ha pillado de improvisto.
-Ellos dos
están en el coche. Nathalie, calla y no hagas tantas preguntas. Recoge los
papeles y todo lo que puedas echar en una maleta. Emma ya te ha hecho otra con
tu ropa, calzados y algunas cosas nuevas que te ha comprado.
-¿Maletas? Eso
sí que no me lo esperaba.
Aunque aún tengo cientos de preguntas en la
cabeza, hago lo que me ha dicho. Cojo la libreta, lápices, mantas, una almohada
y algunos libros de bolsillo. Ambos vamos al coche, abre el maletero y me quedo
sorprendida por todas las maletas que hay, además de la mía. Cuando estamos ya
en los asientos, Emma se da la vuelta y nos echa una foto.
-¡Decid
patata! Qué guapos -dice mirándola-, siempre cojo la cámara de fotos para tener
miles de recuerdos. Nos lo vamos a pasar genial, cielo, ya verás.
-Bueno, en
realidad no sé a dónde vamos. Hugo no me lo ha querido decir.
-Le dijimos
que no te lo revelara. –Dice Bruno, riéndose-. Venga, no seamos malos. A la de
tres se lo decimos todos a la vez.
Cada uno empieza a decir un número,
muy lentamente.
-Uno… Dos…
Tres. ¡Nos vamos a Jesmond!
¿Será el mejor viaje de su vida?
Eso cree Nathalie, pero allí recibirá una llamada de Lili, pidiéndole que
vuelva por razones que nadie se hubiera llegado a imaginar.
lunes, 3 de marzo de 2014
Capítulo 27: El día de mi décimo cumpleaños.
Y así fueron pasando los años, junto a
ellos. Por mucho que no quisiera molestarles y aunque, al principio, les dije
que algún día me iría de su casa, se me hizo imposible. Me dieron tantísimo
cariño en tan poco tiempo, que no pude separarme de aquella familia. Mis
cumpleaños, y los de ellos, eran increíbles. Los pasábamos junto a la familia
de Lili y también invitaban a más gente, ya que Bruno y Emma eran muy conocidos
en el pueblo. Las clases de canto me iban estupendamente y aún sigo dándolas. Emma
es una profesora magnífica. Me ha enseñado tantas canciones y trucos para
avanzar que, tanto mi voz como mi capacidad para cantar, han mejorado
muchísimo. Como yo siempre les decía que no cantaba tan bien, Hugo me retó a
interpretar algunas canciones con él y su guitarra en el parque. El resultado
fue inesperado. Tocamos tres canciones y Hugo recibió más propinas que nunca,
por lo que él decidió que repartiríamos el dinero entre los dos y así, con el
tiempo, fui ahorrando más dinero del que pensé. En el día de mi décimo
cumpleaños, me dijeron que no me habían comprado ningún regalo pero, con todo
lo que habían hecho por mí, eso era lo de menos. De pronto, para mi sorpresa,
Hugo cogió la guitarra y empezó a tocar una melodía compuesta por él. Emma y
Bruno cogieron un papel, cada uno, y comenzaron así:
-Hugo te
encontró y tú encontraste a Hugo. Fue lo mejor que nos pudo haber pasado.
Tu energía y lucha en la vida, bastante nos ha asombrado. En este día,
diez años acabas de vivir y, a partir de ahora, las mejores cosas te sucederán
a ti. Nosotros te adoramos desde el primer día que te vimos. No seremos pobres
ni ricos pero, en esta casa, nunca te faltará amor y cariño. En este momento,
con la guitarra sonando, queremos hacerte un trato. Esperamos que tu estancia
en esta casa, haya sido de tu agrado. Queremos darte las gracias porque, a tu
lado, dos años han volado. Ahora Hugo te hará una pregunta muy importante,
que nosotros pensamos desde el primer instante.
Emma leía hasta un punto y Bruno
hasta otro. Aquello era tan simple y bonito, que no pude evitar que mis
lágrimas salieran mientras les escuchaba. Ellos dejaron los papeles en la mesa
y prosiguió Hugo, subiendo la intensidad de la melodía, a la vez que fue
diciendo:
-Y ahora te
pregunto lo que un día me preguntaron a mí. Nathalie, ¿quieres formar parte de
la familia Hernández Wells?
Todos mantuvieron la
respiración, pero no me hice de rogar. Al escuchar aquello, no me lo pensé dos
veces. Dando un salto de la silla, les dije un alto y claro "sí".
Tenía una nueva
familia. Una importante decisión, junto a las personas más especiales de
mi vida y un nuevo DNI, confirmaron tres cosas: que todo aquello era real, que
las mejores situaciones sucedían cuando menos me lo esperaba y que, el simple
nombre de "Nathalie Hernández Wells", significaba un mundo nuevo para
mí.
martes, 25 de febrero de 2014
Capítulo 26: El descubrimiento de un don.
Eran las ocho y media cuando Lili se
fue a su casa para prepararse y venirse con sus padres, un poco más tarde, a
cenar. Se despidieron con un pequeño beso y yo me despedí de José. Hugo y yo
fuimos a casa con Bruno, el cual ya cerró la panadería y nos llevó en coche.
Cuando entramos, fuimos preparando la mesa los cuatro. Hugo les fue
contando cómo había ido el día en el parque. Les dijo que era la primera vez
que se había acercado tanta gente para escucharle y que había recibido muchas
más propinas. Añadió que, sin Lili y sin mí, la canción no hubiera sonado
igual. De pronto, llamaron al timbre y nos sobresaltamos, ya que sonaba un poco
fuerte. Llegaron Paola, Fran, Matt y Lili.
-¡Hola a todos!
Caray, que frío. Dejadme los abrigos, ya los cuelgo yo en el perchero. –Dijo
Bruno, aunque yo me puse a su lado para ayudarle a coger algún abrigo-. Gracias
Nathalie. –Me susurró.
- Sentaos todos,
por favor. La comida está recién hecha y bien calentita. Espero que os guste.
Siempre le pongo una pizca de cariño a la cena, pero esta noche más. –Añadió,
una sonriente, Emma.
-¡Qué bien huele! –Fueron
diciendo cada uno, cuando iban entrando en el comedor.
Nuestros padres se sentaron
unos en frente de otros, Lili y Hugo juntos y Matt y yo al lado. Aquella cena fue
perfecta. Cada mirada, cada gesto y cada palabra tenían algo especial.
-¿Sabéis qué? –Dijo
Hugo-. He estado reservándomelo para este momento. Emma, esta tarde he
descubierto el don de Nathalie. –Me quedé sorprendida, no sabía de qué hablaba.
Todos me miraron, preguntando cuál era.
-¿Emparejar a las
personas? -Le pregunté, bajando la voz y sacando la lengua. Él sonrió, porque
sabía que no me esperaría su respuesta.
-¡Nathalie sabe cantar
de una manera especialmente conmovedora!
-No digas
tonterías, Hugo... –Dije, un poco extrañada.
-Me gustaría
escucharte un poco, querida, si no te importa. Ya hemos terminado de cenar y
podemos esperar para tomar el postre. –Dijo Emma, con una mezcla de intriga y
curiosidad. Al oír esto, Hugo salió corriendo a por su guitarra, para repetir
el momento de hoy.
-Me da mucha
vergüenza cantar aquí. –Les dije, un poco cortada.
-Está bien, no te
obligaremos Nathalie. –Acudió a mi ayuda Bruno-. Vamos a tomar el postre. -Hugo
volvió a dejar la guitarra en el salón y se sentó en la mesa.
Después de un delicioso flan casero,
nuestros padres se quedaron charlando en el comedor y nosotros cuatro, los
pequeños de la casa, nos fuimos al salón. Cuando ya los adultos no nos podían
escuchar, Matt me pidió, casi rogándome, que cantara. Le dije que no, pero Lili
me convenció al decirme que ella también cantaría conmigo. Hugo y yo nos
sentamos en el sofá y Lili y Matt, en el de enfrente. La canción empezó a
sonar, de nuevo, y el momento tan bonito se volvió a repetir. Yo cantaba y me
di cuenta de que Lili fue bajando su voz, para que se escuchase mejor la mía,
pero esta vez no me dio vergüenza y no paré. Conforme iban pasando los
segundos, pasé de cantar en un tono bajito a cantar a un tono un más elevado,
al de la canción. Ella y Matt me miraban embobados. Cerré los ojos, como hizo
Hugo, y me concentré en la melodía y en mi voz. Cuando la música paró, él y yo
los abrimos, y vimos que Lili y Matt se levantaron para abrazarnos. Fue el
mejor abrazo de todos, entre risas y alguna que otra lágrima, por parte de los
más sensibles. Cuando ellos me empezaron a aplaudir a mí, aparecieron nuestros
padres por la puerta, haciendo lo mismo. Me quedé alucinada, no sabía que nos
habían estado escuchando. Paola y Emma también estaban un poco emocionadas. Se
susurraron algo al oído, asintieron y Emma me dijo:
-Querida,
felicidades, mañana empiezo contigo las clases de canto.viernes, 21 de febrero de 2014
Capítulo 25: Un arrebato de valentía.
-Muchas gracias a todos por
escucharnos y por vuestro tiempo. –Dijo Hugo a las personas de alrededor, las
cuales se fueron yendo-. Gracias chicas, ha salido preciosa la canción.
-En todas las veces
que te he visto tocar la guitarra, esta es en la que has puesto más sentimiento
y ternura. Me has encantado Hugo. –Le dijo Lili, poniendo su mano, con
delicadeza, en la de él.
-Gracias
–respondió, mirándole a los ojos-, me he emocionado un poco porque me trae
viejos recuerdos, ya que me la cantaba mi madre de pequeño, antes de dormir.
Era mi momento preferido del día. No había gritos ni peleas en la casa, todos
estaban dormidos. Sólo éramos mi madre y yo, acompañados por una dulce melodía
y un beso en la frente. A veces echo de menos aquellos besos. –Dijo, mirando a
la nada y recordándolo todo.
De pronto, Lili le dio un tierno
y lento beso en la frente. Ni él ni yo nos lo esperábamos. En los ojos de Hugo,
volví a ver ese brillo especial pero, en ese momento, tenían una nueva fuerza y
valentía. Lo supe. Sabía que aquel era el momento y que le iba a confesar su
amor. Disimuladamente, le sonreí e hice un pequeño gesto de asentimiento,
dándole mi apoyo.
-Chicos, voy a ir a
la fuente a beber agua, que tanto cantar me ha dejado la garganta seca. Ahora
vuelvo. –Les dije, con una gran sonrisa.
Me fui andando hasta la fuente,
que estaba un poco más lejos del banco, pero los tenía justo en frente.
Mientras bebía agua, levantaba la mirada hacia ellos. Estaban charlando y la
mano de Lili seguía en la de él. Estaba atenta a todo pero, una niña pequeña,
carraspeó insinuando que me apartara de la fuente para que pudiera beber.
¿Dónde podía esperar? Me senté en otro banco, al lado de un abuelito. Yo estaba
muy concentrada y emocionada por la escena, sonriendo ampliamente.
-¿Feliz? –Me dijo
el abuelito.
-Mucho. Mi mejor
amigo le está confesando a una chica, de la que lleva dos años y medio
enamorado, su amor por ella. Yo le he dado ese empujón que le faltaba para que
se lo dijera. –Estaba tan contenta, que daba pequeños saltitos en el banco.
-Estos jóvenes de
hoy en día… -Dijo, entre risas-. ¿Así que estoy hablando con la celestina? Me
llamo José, es un placer conocerte. ¿Y tú eres?
-Efectivamente, soy
la pequeña celestina Nathalie. Encantada. –Parecía un hombre muy simpático, de
unos sesenta años.
-A ver si adivino.
–Echó un vistazo al parque-. ¿Son aquellos dos jóvenes, que se están dando un
beso, tus amigos?
-No… Aún no se han
bes… -Antes de terminar la frase, los vi-. ¿Qué? ¿Ya? Pero si hace unas horas
estuve hablando con él y estaba muy asustado. No me lo puedo creer. ¡Qué
alegría, José! ¡Se están dando un beso! –Estaba tan ilusionada que le di un
gran abrazo y se echó a reír.
-Ay, pequeña, ojalá
fueras mi celestina y me ayudaras a encontrar a una mujer para mí. Sé que ya
soy viejo y todo mi encanto ya se perdió hace mucho tiempo, pero echo de menos
ese sentimiento tan bonito. Siempre vengo a este parque para veros a vosotros,
a la juventud, a las parejas, a los matrimonios y bebés. Echo de menos dejarle
a alguien una rosa al lado, cada día al despertarse. Echo de menos un simple
“buenos días” o un beso. Echo de menos tener a alguien a mi lado a quien
cuidar, proteger y alegrar cada segundo. Pequeña, soy viejo, pero echo de menos
el amor… Perdona que te aburra con mis cosas, que seguramente ni te interesen.
Aunque quiero que sepas que te acabo de conocer y ya me has caído muy
bien. –Con cada palabra que decía, lo iba admirando un poco más. Tenía que ayudarle.
-No te preocupes,
José, te ayudaré a encontrar a una mujer. Mientras tanto, no hago gran cosa por
las tardes así que, si quieres, vendré para acompañarte y charlamos, para que
no te sientas tan solito.
-¿Eres así de
amable con todas las personas que conoces? Gracias, pequeña Nathalie, eres un
encanto. -Dijo, con una preciosa sonrisa.
Cuando terminamos de
charlar, vimos cómo venía una parejita hacia nosotros. Parecían dos niños
pequeños, sonrientes y cogidos de la mano. Lili y Hugo.
miércoles, 19 de febrero de 2014
Capítulo 24: Un amor entrañable.
Mientras íbamos andando, camino a la
panadería, le empecé a hablar sobre qué me había parecido Lili, para ver su
reacción. Cada vez que pronunciaba su nombre, Hugo se ponía nervioso. No pude
evitarlo y le pregunté:
-¿De verdad no me
vas a confesar que te gusta Lili? –Le dije, aunque ya sabía la respuesta.
-De acuerdo. –Dijo,
resignado-. No sé, me gusta un poco, mucho, demasiado. Sé que soy muy joven,
pero puede que esté enamorado. No se lo digas a nadie. Me enamoré de ella el
primer día que la vi en el bar... Ya te lo he dicho, ¿estás contenta? –Suspiró
aunque, al decírmelo, noté que se había quitado un peso de encima.
-Sí, estoy muy
contenta. Aún así, ¿llevas dos años y medio enamorado de ella y todavía no se
lo has dicho? ¿A qué esperas?
-No sé, Nathalie,
no me atrevo. Muchas veces he intentado decírselo, pero los temores a que se
ría de mí, deje de hablarme o se vaya distanciando poco a poco, siempre me
echan atrás. Estoy muy feliz al ser su mejor amigo aunque, lo que más deseo, es
un beso suyo. Pero, ¿y si se lo dijera y me rechazara por ser de color? Sería
una cicatriz que nunca se me cerraría.
- Primero: ¿Vas a
hacer como en las películas? ¿Vas a esperar a que regrese a Italia o tenga
novio para confesarle tu amor? Siento mucho agobiarte, Hugo, pero debe ser
demasiado duro tener un sentimiento tan fuerte guardado para ti, durante tanto
tiempo. –Él asintió, mirando hacia ningún lugar-. Segundo: Aunque acabe de
conocerla, sé que Lili es una chica magnífica, buena y comprensiva. Estoy
segurísima de que a ella le da igual que seas blanco o de color, porque se fija
en el interior y me has demostrado que el tuyo es de oro. Tercero: No te
preocupes, tú me has ayudado en muchas cosas. Ahora me toca a mí ayudarte en
esto. Puedes confiar en mí. –Le dije, sonriendo y poniéndole una mano en el
hombro.
Llegamos a la panadería y le
contamos a Bruno cómo nos fue la mañana en la escuela de música con Emma.
Después, Hugo le dijo que le acompañé a casa de Lili, para dar una clase, y la
fantástica nota que saqué en la prueba. Por último, añadió que la familia de
Paola iba a venir a cenar a casa. Con cada noticia, Bruno se iba quedando más
sorprendido y más contento y, sin esperármelo, me dio un gran abrazo por todo
lo que había hecho en el día. Es una persona más que encantadora.
Por la tarde, mientras
esperábamos a que fueran las nueve y saliera Bruno de la panadería, Hugo y yo
estuvimos en el parque con la guitarra. Conseguí convencerlo de que llamara a
Lili para que estuviera con nosotros, ya que ella no iba a hacer nada. Cuando
llegó al parque, Bruno se puso un poco nervioso por si le contaba que él estaba
enamorado, pero le tranquilicé, ya que algún día sería él el que se lo dijera y
no yo. Estuvo tocando la guitarra sentado en el banco, en medio de nosotras
dos. Me fijé en que Lili lo miraba de una manera muy tierna, sintiendo la
música.
-Hugo, ¿puedes
tocar la canzone de “A la nanita nana”? Per favore. –Le pidió
Lili.
-¡Esa canción
también la conozco yo! Es preciosa. –Dije, entusiasmada-. Hace mucho tiempo que
no la escucho. ¿Puedes tocarla Hugo?
-Claro, yo también
la conozco, aunque no sé si me saldrá perfecta.
Se preparó, pensó unos segundos,
cerró los ojos y dejó que su corazón guiara a sus dedos, llenando el
ambiente con una cálida y entrañable canción. Los ojos de Lili brillaban al
mirarle. Ella y yo decidimos acompañarle cantando al unísono. Cada vez venían
más personas a escucharnos. Después de dos minutos, cantando y tocando la
guitarra, Hugo abrió los ojos y se quedó sorprendido al ver a tantísima gente
alrededor. Todos empezaron a aplaudir y a echar monedas en su funda. ¿Era una
lágrima lo que veía en sus ojos? Lili y yo también le aplaudimos y le dimos un
fuerte abrazo.
martes, 18 de febrero de 2014
Capítulo 23: Una mente interesante.
Cuando entramos en la casa, nos
dirigimos a una habitación de estudio muy grande, con dos mesas y dos sillas en
cada una. Lili y Hugo se sentaron juntos, Matt y yo en la otra. Él estaba
encantado de tener a una compañera de mesa. Era muy hablador y simpático, me
cayó de maravilla al segundo de conocerle. Era un poco más alto que yo, con los
ojos azules, como su hermana, y el pelo castaño oscuro. Todas las personas que
iba conociendo eran perfectas, tanto interiormente como exteriormente. Paola
era la profesora más buena de todas. Me presenté y le hablé un poco sobre mis
estudios, que eran demasiado básicos. No quiso saber mi edad, sólo me puso un
examen escrito para hacerlo. Al principio me hizo un dictado, para ver si tenía
faltas de ortografía, después, en otra actividad, tenía que dar mi opinión de
un texto corto, definir algunas palabras y reflexionar un poco. Cuando acabé,
en una hora, Paola lo corrigió y me dijo:
-Nathalie, ¿cuántos
años tienes? –Me preguntó con cara de asombro.
-¿Tan mal lo he
hecho? He sido demasiado rápida, tendría que haberlo repasado más. –Respondí,
un poco decepcionada. Al parecer no era tan fácil-. Pues tengo ocho años. Ya le
dije que mis estudios eran muy básicos. –Paola se levantó de su mesa y me puso
el examen en la mía.
-¿Solamente ocho
años? Nathalie, te he puesto un examen para personas de once años. ¡Has sacado
un nueve y medio! –Los tres me miraron, asombrados. Yo también lo estaba-.
Siempre he hecho esta misma prueba a todos mis alumnos el primer día. Incluso,
siendo mayores que tú, suspendieron o sacaron una baja nota. Quiero decir, que
tienes una capacidad fantástica para reflexionar y escribir. Enhorabuena,
Nathalie. Tienes una mente muy interesante. –Los demás me aplaudieron y empecé
a reír.
-Recuerdo que yo
saqué en esa prueba un poco más de un siete. –Dijo Hugo.
-¡Yo un ocho!
–Añadió Lili.
-Yo… No me acuerdo.
-Dijo, entre risas, Matt.
-Tú un seis, Matti,
el más bajo de todos. -Le recordó Paola-. Nathalie va a ser una buena
compañía para ti en los estudios, espero que venga más veces. -Me hizo un
guiño.
Estuvimos allí hasta las tres de la tarde. Nunca imaginé que me divertiría tanto en una clase. Había sido una clase de prueba y me hubiera encantado volver a repetir pero, seguramente, los padres de Hugo no podrían pagar clases privadas para dos niños, sería demasiado caro. Aún así, fue una experiencia muy buena. Al salir por la puerta, Hugo les dijo que esa noche estaban invitados a su casa para cenar con nosotros.
La casa de Lili no estaba muy
lejos de la panadería por lo que, Hugo y yo, fuimos andando para contarle las
novedades a Bruno.
viernes, 14 de febrero de 2014
Capítulo 22: Un momento de felicidad.
Hugo y yo llegamos, entre risas, al
parque y nos sentamos en un banco. Esperaba que sacara la guitarra de su funda
para empezar a tocar, pero no lo hizo. Vi que buscaba a alguien con la mirada.
-¿A quién estamos
esperando? –Pregunté curiosa.
-A una chica que te
caerá genial. Se llama Liliana, pero le llamamos Lili. Te informo un poco,
mientras la esperamos: Sus padres y ella eran de Italia, pero se mudaron a este
pueblo. Hace dos años y medio, nos hicimos amigos de ellos en un bar, ya sabes
cómo son de charlatanes mis padres. –Me dijo, entre risas-. Su padre Francesco,
Fran, encontró un buen trabajo en una escuela, cerca de donde trabaja Emma.
Paola, la madre, trabaja por las tardes en un gimnasio y, por las mañanas, nos
da clases a Lili, a su hermano Matteo, Mat, de diez años, y a mí. Ella y yo
tenemos la misma edad, once, y, en lugar de ir a un colegio, vamos a su casa a
aprender lo mismo que todos los demás. Mis padres y ellos se pusieron de
acuerdo en proporcionarnos una educación privada, más personal y cercana. Con
tan buenos trabajos que tienen, son ricos, como habrás podido adivinar.
¿Gente nueva? ¡Eso era
fantástico! Estaba deseando hacer nuevos amigos, aunque yo fuera la más pequeña
de los cuatro. Hugo vio que a lo lejos llegaba Lili. Vi un brillo especial en
sus ojos, observándola venir, y una sonrisa tonta.
-Hugo, ¡que se te
cae la baba! –Le dije, riéndome.
-¿Qué? Ah, no… No
digas tonterías. –Me respondió, poniéndose nervioso y dándome un pequeño
empujón con la mano-. Esto… Te iba a decir algo. ¡Ah, ya me acuerdo! ¿Quieres
venirte con nosotros? Puedes ir y hacer una clase de prueba, para ver si estás
a gusto y para aprender divirtiéndote. Paola es una profesora estupenda,
paciente y comprensiva. Estoy seguro que, tanto mis padres como ella, estarán
encantados, de veras.
-Si tú dices que a
tus padres y a ella no les importará, voy. Caray, cada día que paso contigo, me
invitas a un sitio nuevo. Te lo agradezco mucho. Bueno, ya me callo, que viene
“Lili”. –Puse, en su nombre, un tono de complicidad, mirándole y dándole,
disimuladamente, con el codo.
-¡Hola! –Saludamos
él y yo a la vez, sonriendo. Eso de hablar al unísono se estaba convirtiendo en
una costumbre muy graciosa.
-¡Ciao! Ups,
quiero decir, ¡hola! A veces, hablo italiano sin darme cuenta.
¡Lili era guapísima! Tenía un
pelo largo y negro, una sonrisa preciosa y unos ojos azules que, seguramente,
cautivaban a Hugo.
-Soy Nathalie, la
amiga de Hugo. ¡Encantada! –Me presenté, antes de que lo hiciera él por mí.
Lili me dio dos besos y un abrazo.
-Piacere conocerte. –Respondió ella. Se le veía
extrovertida, simpática y graciosa.
Caminamos los tres hasta la casa de Lili. Por el camino fuimos charlando animadamente.
-Lili habla
italiano y español en la misma frase. Es encantadora. –Me susurró Hugo, aunque
ella lo había escuchado y le sonrió, por lo que él se puso nervioso y tropezó
con una pequeña piedra. Le sostuve, para que no se cayera, y nosotras nos
reímos.
-Nathalie, vienes alla mia casa con nosotros, ¿verdad? Es
fantástico. Sé que tú y yo seremos muy buenas amigas. –Me dio otro fuerte
abrazo.
¿Cuánto durarían estos momentos de
felicidad? Deseaba que duraran eternamente.
jueves, 13 de febrero de 2014
Capítulo 21: Los latidos de mi corazón.
Después de veinticinco minutos,
llegamos a aquel edificio. La fachada era preciosa, ya que estaba pintada con
graffitis de notas musicales enormes, instrumentos, colores y mucha
expresividad. Cuando Hugo y yo bajamos del coche, Bruno se fue directo a la panadería.
-Hugo, ¡es más
bonita de lo que me imaginaba!
-Espera a ver el
interior. –Me dijo con una enorme sonrisa.
Caminamos por los pasillos. ¡Era
gigantesca! Nunca pensé que este pueblo podría poseer algo tan hermoso. Había
cuadros de músicos, frases profundas, imágenes y pinturas. El aire olía a arte.
Giramos a la derecha, pasamos por delante de algunas puertas y nos detuvimos en
una. Llamamos y entramos.
-¡Hola Emma!
–Saludamos ambos al unísono.
-¿Pero a quién
tenemos aquí? Si son mis dos personas favoritas. –Nos dio un enorme beso a cada
uno.
-He traído a
Nathalie para que vea dónde trabajas y toque algún instrumento. ¡A lo mejor
tenemos aquí a otra artista! – Le respondió Hugo, bastante emocionado, al igual
que yo.
-Me parece una idea
buenísima. –Se puso de rodillas y me miró a los ojos-. Querida, mira a tu
alrededor. En esta clase, hay instrumentos de cuerda y, en las otras dos
puertas que hay en este pasillo, están los de viento y los de percusión. Detén
tu mirada en cada uno de ellos y, si el corazón te late más rápido al fijarte
en uno, ese será el tuyo. Mientras que eliges tu futuro instrumento, Hugo y yo
seguiremos con las clases de guitarra. Aún le quedan unas cuantas cosas que
aprender. –Le acarició el pelo, negro y con pequeños rizos. Los dos sonrieron.
Tenía la piel de gallina. Era
todo tan nuevo, que estaba un poco aturdida. En el orfanato, dimos todas las
clases de instrumentos, pero nunca llegué a imaginar que tendría la oportunidad
de tocarlos. Mientras escuchaba a Hugo tocar su guitarra, me dirigí al
fondo de la clase, donde estaban los instrumentos de cuerda y me detuve, quieta
y observando. Después, salí al pasillo y, en la sala de la derecha, estaban los
de viento y, en la siguiente, los de percusión. Recordé que, por la noche, soñé
que tocaba melodiosamente el piano, acompañada de Hugo con su guitarra. Juntos,
nos hicimos famosos en el pueblo. Al despertar y venir aquí, tenía una emoción
especial.
Me había fijado en todos y cada
uno de los instrumentos. Volví, un poco decepcionada, a la sala donde estaban
ellos y entré.
-Emma, ¿qué
significa cuando el corazón no me late más rápido al verlos detenidamente? –Vi
que ella me miraba con una tierna expresión-. Eso es lo que tiene que sentir un
verdadero artista pero, ¿yo no tengo ningún don musical, verdad? Estaba segura
de que sí pero, los latidos de mi corazón, me han asegurado lo contrario.
-No te preocupes,
cielo. Aún es demasiado pronto para saberlo. Yo estoy segura de que tendrás
miles de dones más, por pequeños o grandes que sean. –Me dijo Emma,
tranquilizándome y dándome un abrazo-. Ven, ponte al lado de nosotros y observa
esta pequeña clase que le doy a Hugo. Fíjate en los movimientos de los dedos,
en las cuerdas pero, sobre todo, fíjate en lo que te hace sentir.
La esperanza de hacerme famosa
musicalmente, se había esfumado, pero no por ello estaba triste. La clase que
le había dado, fue fantástica. Realmente, Hugo era maravilloso con la guitarra
y más cuando estaba cerca de Emma. Después de dos horas allí, nos despedimos de
ella. Nos montamos en el bus, charlando y dirigiéndonos al parque del pueblo.
El día acaba de comenzar pero,
al final de este, sucedería algo que nunca había esperado y que nadie se
hubiera podido imaginar.
martes, 11 de febrero de 2014
Capítulo 20: Un magnífico detalle.
Un rayo de sol atravesó la ventana,
avisándome de que un nuevo y diferente día había comenzado. Abrí los ojos
lentamente, con temor a que todo esto fuese un sueño pero, por suerte, no lo
era. Me levanté y abrí la ventana. El aire puro y fresco me llenó los pulmones,
respirándolo profundamente. Hacía un día magnífico. Los pájaros cantaban, los
coches, a lo lejos, iban y venían y el sol transmitía un calor acogedor y
perfecto. Me quedé así, apoyada en la ventana, unos minutos y, después, anduve
por la casa buscando a alguien a quien darle mis buenos días. Por las
escaleras, respiré el olor a dulces, café, tostadas y naranjas. En cuanto entré
en la cocina, vi todo un manjar colocado en una mesa mediana. Hugo y Bruno me
miraron sonrientes, mientras terminaban de preparar la mesa.
-¡Buenos días a los
dos! –Dije con una mezcla de sueño, hambre y alegría.
-¡Buenos días,
preciosa Nathalie! ¿Qué tal has dormido? Espero que bien y también espero que
tengas mucha hambre, porque Hugo y yo hemos preparado todo esto para ti, aunque
nosotros también te ayudaremos a terminarlo. –Me hizo un guiño y me empecé a
reír. Era increíble la cantidad de energía que tenía Bruno por las mañanas. ¡No
paraba de hablar! -Hugo se ha encargado de preparar los dulces y yo de la leche
y el zumo de naranja.
Nos sentamos los tres en la mesa
de la cocina. Cuando ellos cogieron el primer dulce, yo hice lo mismo. Qué rico
y qué buena pinta tenía todo. Empezamos a charlar.
-¿Emma ya se fue a
trabajar a la escuela de música? –Pregunté, ya que no la había visto.
-Sí -respondió Hugo
–, siempre sale muy temprano para organizar y prepararlo todo.
-Hablando de salir
temprano, ¿qué hora es? –Miró su reloj -. Caray, ¡ya son las diez! – Terminó de
comer, se levantó de la mesa y empezó a quitar y a colocar las cosas en su
sitio, mientras nosotros también terminamos y le ayudamos–. Nathalie, ya me ha
dicho Hugo que hoy vais a ir a visitar a Emma. Me parece una idea estupenda.
¡Se llevará una sorpresa magnífica! En media hora salimos y, antes de irme a la
panadería, os llevo hasta allí en el coche. ¿Os parece bien?
Ambos asentimos con un enérgico
“sí”. Ellos dos se quedaron en la cocina, mientras yo subí ágilmente las
escaleras, para cambiarme de ropa. Entré en mi habitación y cogí la ropa de
ayer, sucia y arrugada, como siempre. De pronto, me fijé en un detalle que, al
levantarme, no me di cuenta. En la mesita había un papel escrito, en el que
ponía:
“Querida Nathalie, antes de irme
a trabajar, me he escapado un ratito y he ido a comprarte algo de ropa y unos
zapatos, espero que no te importe. Con la ropa que llevabas puesta, me fijé en
tu talla y en tu número de pie, así que estoy segura de que todo te quedará
genial. Abre el armario y, todo lo que hay colgado en las perchas, es tuyo. La
ropa de Hugo está colocada en los cajones, no te preocupes. En el zapatero del
pasillo de abajo, están tus nuevos zapatos. ¡Espero que te guste lo que te he
traído! Un beso, cielo”.
Me quedé más que alucinada, no
me lo esperaba. Me dirigí rápidamente hacia el armario, que era bastante alto y
ancho, y miré lo que había en las perchas. Esta vez, la boca y los ojos se me
abrieron más que cuando entré en esta casa. Había seis perchas, seis conjuntos.
Cada una tenía un pantalón y un jersey. En tres de ellas había tres chaquetones.
Todo tenía un diseño y un tejido precioso. Escogí unos pantalones vaqueros, un
jersey rojo y un chaquetón marrón. Me vestí todo lo rápido que pude y bajé a
por los zapatos. Vi que Bruno y Hugo me miraban asombrados.
-¡Qué guapa!
–Dijeron ambos a la vez.
-Muchas gracias.
Emma es una mujer maravillosa, me lo ha comprado esta mañana antes de ir a
trabajar. ¡Ropa y zapatos! Es alucinante. –Respondí eufórica, mientras abría el
cajón del zapatero-. ¡Hay seis pares de zapatos también! –Empecé a dar pequeños
saltitos y ellos se rieron. Cogí unas botas marrones y me peiné un poco con los
dedos de las manos.
-Pues, señorito y señorita, si ya
estáis preparados, podemos ir saliendo. –Dijo Bruno, abriéndonos la cancela de
la casa y dejándonos pasar.
lunes, 10 de febrero de 2014
Capítulo 19: No soy especial, sólo soy yo.
Ya estaba todo ordenado, limpio y
colocado. Emma era de lo más charlatana, la adoraba. Nunca me podría cansar de
escuchar sus vivencias del pasado, con su marido y Hugo. Este último apareció
por la puerta de la habitación, con el pijama puesto, y se metió en su cama. Yo
también me metí en la cama de al lado, separadas ambas por una amplia ventana,
de madera oscura y elegante. Emma nos subió la manta hasta más arriba del
cuello, abrigándonos, nos dio un beso en la frente y se marchó, apagando la luz
y cerrando cuidadosamente la puerta. Pasaron unos minutos, cuando escuché:
-Nathalie, ¿estás
dormida? – Preguntó Hugo, entre susurros.
-Sí. –Respondí,
aunque al segundo me entró la risa.- No, no puedo dormir. Este día es tan
alucinante… Han pasado miles de cosas y todo gracias a ti, desde que nos
conocimos, no hace muchos días. –Noté, a través de la oscuridad, que sonrió
pero no dijo nada-. Por cierto, en el momento en el que nos chocamos no me di
cuenta pero, al verme, ¿cómo supiste mi nombre, si yo no te lo dije?
-Verás, cuando te
conocí, le hablé de ti a Bruno. Al hablarle sobre una niña pequeña, diferente y
muy graciosa, supo enseguida a quién me refería y me dijo tu nombre. Has batido
el récord en llegar al corazón de Bruno, más rápido que nadie, Nathalie. Muy
pocas personas lo consiguen.
-No sé por qué
todas las personas dicen que soy especial, si sólo soy yo.
-Aunque no te
conozca apenas sé que, precisamente, lo que te hace especial, es ser tú misma.
Es increíblemente alucinante que sólo tengas ocho años, de veras. Tú no te
darás cuenta pero, los que te vemos desde fuera, sabiendo por todo lo que has
pasado, decidido, razonado y realizado… Simplemente eres increíble, Nathalie.
Me quedé muda. Para mí era algo
normal lo que hice, una manera de sobrevivir pero, que me diga eso, hace que en
mis ojos aparecieran unas silenciosas lágrimas de emoción. No estaba
acostumbrada a que me elogiaran tanto y sólo hablasen de mí, por lo que,
dándole mi más sincero agradecimiento, cambié de tema.
-Por cierto, me he
estado fijando en cada detalle de cada lugar por el que he pasado. ¿Por qué hay
tantísimas cosas que hacen referencia a películas? Incluso en la panadería hay
un reloj con forma de claqueta.
-Yo también me
quedé extrañado al principio - escuché que se rió-, e hice la misma pregunta. A
lo mejor piensas que Emma de joven fue una actriz, porque realmente lo parece,
pero resulta que todo es por Bruno. Él no fue actor, pero estaba enamorado del
mundo del cine. Según me contó él, fue a una entrevista en Jesmond, donde un
actor, no muy conocido pero que sabían que llegaría alto, aceptó acudir. Allí
conoció a Emma, la cual acompañaba a una amiga, para que no fuera sola. Como ya
te conté, fue amor a primera vista y en uno de sus aniversarios, no recuerdo
bien cuál, Emma le regaló el reloj, con la fecha y año de su boda. –Me quedé en
silencio, procesando toda la información-. Ella me ayuda con clases de
guitarra, porque es realmente lo que me gusta, y así voy ganando algo de
dinero. ¿Sabes Nathalie? Mañana iremos a su escuela de música, para ver si
tienes algún don musical. ¡A lo mejor nos sorprendes!
-Caray, su historia
es de película, nunca mejor dicho. ¡Me parece una idea fantástica! Aunque te
advierto que no soy muy buena con los instrumentos. Bueno, Hugo, ya sí me está
entrando el sueño. Que descanses.
-Mañana nos espera
un día muy entretenido, ya verás. Buenas noches, Nathalie.
-Buenas noches,
Hugo.
.
lunes, 3 de febrero de 2014
Capítulo 18: Una noche llena de recuerdos.
La madre me llenó la bañera con agua
bien calentita. Me dejó una camisa de manga larga, que me llegaba hasta las
rodillas, y unos pantalones que me estaban bien. Me había dicho que al día
siguiente iríamos a comprarme ropa, aunque no me gustaba que se gastasen dinero
en mí. Me metí en la bañera y fui la niña más feliz del mundo. Recordé los
días en los que me estuve lavando en los cuartos de baños de los bares o de los
parkings. Era bastante duro ducharse sólo con el agua de un lavabo, pero al
menos podía asearme. La bañera era otro mundo, me sentía totalmente renovada.
Nunca me había sentido tan a gusto en mi propia piel. Después de quince minutos
en la bañera, me llamó Emma para cenar. Me puse la ropa, me sequé el pelo
rápidamente y bajé al salón. Por los pasillos me fui quedando embobada con el
decorado. Todo estaba perfectamente calculado, colocado y diseñado. Ni en mis
sueños hubiera podido ver una casa así.
Cuando llegué al salón, Hugo estaba terminando de preparar la mesa, mientras Emma y Bruno echaban la comida en los platos. Me dijeron que me sentara, así que lo hice. Cuando todo estaba puesto en la mesa, se sentaron. Hugo se puso a mi lado y ellos dos delante de mí. Habían preparado pescado, con una pinta deliciosa. Cuando lo saboreé, lentamente, una magnífica sensación se produjo dentro de mi paladar. Adoré el pescado. Empezamos a comer mientras los escuchaba charlar, atentamente, sobre cómo había ido el día en la panadería, en la escuela de música, las ganancias y la familia hasta que, de pronto, me preguntaron a mí.
-¿Te gusta el
pescado, cielo? –Me preguntó Emma.
-Es la comida más
deliciosa que jamás he probado. Muchas gracias. Deberías ser cocinera, de
veras. –Ella se rió, contenta por apreciar su comida.
-Qué encantadora
eres. Si no te importa que te pregunte, ¿qué has estado comiendo todo este
tiempo?
Normalmente no me gustaba hablar sobre
mi vida y mi pasado, pero estas personas son tan especiales que no me
importaba.
-Hace dos meses,
tenía ahorrado diez euros. Muy poco a poco fui comprando la comida justa. Para
que me llegara el dinero, hubo muchísimos días en los que no comí. Demasiados.
Pedía vasos de agua en los bares del pueblo, para no gastar más dinero en
botellas de agua. Aunque fue muy duro pasar hambre, nunca me ha gustado pedir
limosna. Sería caer demasiado bajo. Algunos días sólo comía una o dos veces al
día. Por eso, os doy gracias a todos por haberme invitado a cenar y a dormir.
-Admiro,
sinceramente, ese razonamiento tan maduro, Nathalie. Caray, creo que nunca
podré imaginar cómo sería vivir en esa situación tan dura. –Respondió, con
gesto preocupado, Emma.
-Pues con Emma en
casa, nunca te faltará comida. Habrá días en los que le pidas que no te dé más.
–Dijo Bruno, riéndose de una manera muy graciosa.- Ella fue la que me ha hecho
engordar un poco. En mis buenos tiempos, era el chico con el cuerpo más
perfecto de todos y, ahora, estoy bien rellenito, aunque eso no importa.
Siempre agradeceré aquel día en el que la conocí y entró en mi vida. – Me hizo
un guiño, sonriéndole a su mujer y dándole un pequeño beso.
-¿Y nunca te ha buscado
la policía? ¿No llamaron las mujeres del orfanato para buscarte? –Me preguntó
Hugo mirándome, lleno de curiosidad.
-Sí. Cuando pasaron
dos días, la policía ya estaba buscándome por el pueblo. No deseaba volver a
aquel orfanato así que, cada vez que los veía, me escondía lo mejor posible.
Así estuve durante un mes y me dieron por perdida. No sé por qué, pero creo que
pensaron que si no encontraban a una niña pequeña durante tantos días, en aquel
pequeño pueblo, nunca lo harían. Por suerte, dejaron de buscarme y, aunque continué
escondiéndome, estaba un poco más tranquila. –Recordar aquellos momentos, en
los que estaba tan asustada, habían hecho que se me hiciera un nudo en la
garganta y ellos lo notaron.
-Lo siento mucho,
cariño. Dejemos este tema. Como veo que ya hemos terminado todos de cenar,
estos dos hombretones quitarán la mesa mientras yo os preparo las camas para
dormir. –Emma cambió de tema y se lo agradecí.
Todos se levantaron y, aunque no me lo había
pedido, fui a ayudarla a colocar las sábanas y mantas en las camas.
miércoles, 29 de enero de 2014
Capítulo 17: Un día de película.
Un reloj con forma de claqueta marcaba
las nueve de la noche. Bruno estaba recogiendo las cosas para salir. Mientras,
yo me quedé observando ese reloj. Nunca antes me había fijado. ¿Qué hacía un
reloj de ese estilo en una panadería? También me di cuenta de que la fecha
estaba mal puesta. Caray, el año estaba mal, un poco más de veinte años atrás.
¡Tenía que decirle a Bruno que lo actualizase!
Después de quince minutos, nos paramos, se bajaron y Hugo me abrió la puerta. Estábamos en una calle sin salida, donde había seis casas enormes, separadas por altos arbustos. No me podía creer que vivieran en una de ellas, estaba alucinando. Las casas estaban enumeradas del siete al doce. Introdujo la llave en la cancela número diez. Cuando estábamos dentro de ella, lo único que podía hacer era abrir bien los ojos y la boca. Ellos dos se rieron al verme. ¡Parecía incluso más grande que aquel orfanato! Diría que era de película. De hecho, había objetos y cuadros que me recordaban a algunas. Como la escena de una de ellas, bajó la señora Emma por las escaleras. Aunque iba vestida con ropa de casa, era muy elegante, preciosa, con unos ojos verdes que me miraban llenos de luz, delgada, con un pelo corto y rubio y una sonrisa muy bonita. En cuanto me vio, bajó las escaleras con un paso más ligero.
Salió con Hugo del interior de
la panadería, fueron apagando las luces y me abrieron la puerta. El cielo aún
estaba oculto bajo una manta de nubes pero, por suerte, no llovía. Nos montamos
los tres en el coche. Era increíble que ese fuera mi primer viaje, aunque
nos dirigiéramos a un lugar cercano. Estaba muy emocionada. Iba
en el asiento de atrás, viendo las nucas y el pelo de ellos dos. Sonreí, feliz,
por todo lo que me estaba pasando. El coche era bastante lujoso y amplio. Me
recordaba a aquel día que fui andando por las calles, soñando y mirando
aquellas casas preciosas y esos coches que parecían tan caros. ¡En ese momento
estaba en uno de ellos!
Después de quince minutos, nos paramos, se bajaron y Hugo me abrió la puerta. Estábamos en una calle sin salida, donde había seis casas enormes, separadas por altos arbustos. No me podía creer que vivieran en una de ellas, estaba alucinando. Las casas estaban enumeradas del siete al doce. Introdujo la llave en la cancela número diez. Cuando estábamos dentro de ella, lo único que podía hacer era abrir bien los ojos y la boca. Ellos dos se rieron al verme. ¡Parecía incluso más grande que aquel orfanato! Diría que era de película. De hecho, había objetos y cuadros que me recordaban a algunas. Como la escena de una de ellas, bajó la señora Emma por las escaleras. Aunque iba vestida con ropa de casa, era muy elegante, preciosa, con unos ojos verdes que me miraban llenos de luz, delgada, con un pelo corto y rubio y una sonrisa muy bonita. En cuanto me vio, bajó las escaleras con un paso más ligero.
-¡Tú debes de ser
la famosa Nathalie, de la que tanto he oído hablar! – Me dio un abrazo más
fuerte que el que me dio Bruno en la panadería.- Estoy encantadísima de
conocerte, querida. Estaba segura de que él te convencería. –Miró a Bruno,
sonrieron y se dieron un tierno beso en los labios. Se les veía muy enamorados.
-Yo también estoy
encantada, señora Emma. Un placer conocerla. También me han hablado mucho y muy
bien de usted.
-¿Usted? Por favor,
llámame sólo Emma. Tan pequeña y educada, qué linda. –Me dio otro abrazo. La
pronunciación inglesa le salía en algunas palabras, pero hablaba perfectamente
español.- ¿Tienes hambre? La cena ya mismo estará lista. Voy a prepararte las
cosas para un baño calentito, antes de cenar. Te sentará de maravilla.
Hablaba tanto y tan rápido, que me
hacía reír. ¿Estaba viviendo un sueño o estaba soñando una realidad? Mi
verdadera aventura acababa de empezar pero, fuera lo que fuera, no quería que
terminase nunca.
lunes, 27 de enero de 2014
Capítulo 16: El primer abrazo sincero.
¿Qué responder? Miles de ideas
atropelladas se me pasaron por la cabeza. Nunca me imaginé que alguien me
preguntaría algo así.
-No sé qué decir,
Bruno. Me has pillado por sorpresa. Te lo agradezco muchísimo, pero soy un poco
rara. La idea de formar parte de una familia, de tener obligaciones, de tener
un hogar en el que me esperan cada día personas a las que de verdad les
importo, es algo a lo que me costaría bastante acostumbrarme. Sois personas
magníficas, de verdad, pero creo que no sirvo para estar entre cuatro paredes.
Me he acostumbrado a la libertad.
Había algo en mi interior que se
burlaba de mí, porque sabía que, lo que estaba diciendo, no era cierto del
todo. Mi sueño siempre había sido volar como un pájaro libre aunque también, en
el fondo, a ese pájaro le gustaría tener un nido. Lo que me hizo decir eso a
Bruno, por encima de todo, era la idea de estorbar, de molestar o que mi
carácter y personalidad estropearan el ambiente y la historia tan bonita que
tenía esta familia.
-Pero Nathalie, ya
es casi de noche y el tiempo está espantoso. Bueno, si quieres, puedo modificar
el trato. Vendrás a alimentarte a nuestra casa, te ducharás y dormirás en el
colchón más cómodo y calentito que tenemos, pero sólo serás una invitada.
Vendrás como una amiga de Hugo, así que no tendrás ninguna obligación. El resto
del tiempo puedes salir, pasear o hacer lo que quieras.
-De acuerdo, Bruno.
Aunque quiero que sepas que habrá un día en el que os seguiré viendo todo lo
que pueda, pero me marcharé de la casa. Sólo estaré durante un tiempo, espero
que no te importe. Normalmente no aceptaría una propuesta así pero, el tiempo
que hace, el hambre tan grande que tengo y el dolor de espalda que se me va
acumulando, me hacen decir obligatoriamente que sí.
-¡Es una noticia
fantástica! No sabes lo contenta que se pondrá Emma. Cuando te conocí, le hablé
de ti y ella tenía la esperanza de que este día llegara. Ya sé que te lo he
dicho muchas veces, pero eres alguien especial, Nathalie, nunca lo olvides.
Cuando lleguemos a casa, si no te importa, dormirás en una habitación con
Hugo. Antes era una habitación para invitados, con dos camas pero, el día que
llegó Hugo, la acomodamos para él y algún amigo suyo que viniera. Por la ropa
no te preocupes, ya nos las apañaremos.
Inexplicablemente, rompí a llorar. Fui
corriendo a darle un fuerte abrazo. Sólo estábamos él y yo en la panadería.
Hugo no había aparecido aún desde que fue a avisarle y a hablar con él. Bruno
se quedó extrañado, pero me devolvió el abrazo. Demasiadas emociones
acumuladas, mucho tiempo sola y el primer abrazo sincero, hicieron que no
pudiera aguantar más. Era la primera vez que me sentía así. Ya tenía tres
buenísimos amigos. Me sentía protegida, cuidada pero, sobre todo, querida, por
primera vez. ¿Podían existir personas tan maravillosas como éstas? No. Pensé
que esa noche no podría dormir. Era todo tan nuevo, increíble y alucinante, que
cerrar los ojos sería una pérdida de tiempo.
martes, 21 de enero de 2014
Capítulo 15: Una propuesta inesperada.
Estuvimos unos minutos más en el
parque, pero había empezado a caer una pequeña llovizna y las personas se
estaban yendo, así que nosotros también nos marchamos. Al salir de allí me
despedí de él, pero él de mí no. Me agarró de la mano, impidiendo que me fuera.
-¿A dónde vas?
–Preguntó, aunque sabía la respuesta.
- Hace unas horas
te hubiera dicho que regreso a casa de mi tía pero, ya que nos hemos sincerado,
regreso a mi callejón. No te preocupes, de verdad –Sonreí, aunque por dentro me
sentía triste. Sería por ese cielo grisáceo.
-¿Estás loca? No
puedo dejar que te vayas allí otra vez. Ven conmigo, voy a hablar con Bruno.
Por mucho que me había negado,
él insistió y nos dirigimos de nuevo hacia la panadería de Bruno, aunque con un
nuevo propósito. Por el camino empezó a llover más fuerte, así que al final
fuimos corriendo hasta allí.
-Caray, chicos,
¡venis empapados! Secaos con esto, voy a sacar la estufa. – Dijo, tan amable
como siempre. Nos prestó una toalla a cada uno.
Vaya, el pan se había mojado un
poco, aunque no me importaba mucho. Ya lo había probado así algunas veces, pero
esa vez me hubiera gustado comérmelo horneado y calentito. Era experta en comer
pan bañado en agua de lluvia. Un bonito nombre para un sabor tan horrible.
Sonreí por mi ocurrencia, cuando vi que Hugo se quedó pensativo y pasó por
detrás del mostrador, en busca de Bruno. Me quedé sola, aunque no me
sentía así. Ese lugar tan acogedor y estas personas tan encantadoras hacían que
no me sintiera así por primera vez. En esos meses había estado engañándome a mí
misma. Por mucho que quisiera evitar esos sentimientos de soledad y tristeza,
los sentía y, aunque intentara ignorarlos, cada vez se hacían más grandes. Por
suerte, al haber entrado en mi vida estas personas, me sentí totalmente
diferente y feliz. Supe que algo iba a cambiar, que mi vida iba a
avanzar.
Estaba tan sumida en mis
pensamientos, que me asusté cuando Bruno apareció y me habló.
-¿Tan feo soy como
para que te asustes al verme? –Dijo riendo- Verás, Hugo no ha podido evitar
contarme lo tuyo y me he quedado alucinado, Nathalie. Es increíble que una niña
de ocho años haya pasado por esos días tan duros. Desde el primer día que te
vi, supe que eras diferente. Tu mirada me transmitió una seguridad y ternura,
que nunca había visto en nadie. Por eso me gustaría hacer un trato contigo. ¿Te
gusta la idea de desayunar, comer, cenar, ducharte, ver la televisión y
quedarte a dormir con tres nobles personas? -Me quedé alucinada, no sabía qué
responder.- Nathalie, ¿quieres quedarte en nuestra casa el tiempo que quieras?
lunes, 20 de enero de 2014
Capítulo 14: ¿Y ahora qué?
Me quedé alucinada, procesando toda la
información. Vaya, al parecer no era la única que había tenido una infancia
difícil. Yo no conocí a mis padres, pero él sí y vio cómo lo abandonaron en la
calle. Eso es mil veces más duro.
-Caray, no me lo
esperaba. Al verte tocar con la guitarra pensé que tenías una buena vida con tu
familia. Siempre de más pequeña creía que todas las familias de color eran
músicos, cantaban o tocaban algún
instrumento, como algunas películas que vi, pero la vida misma me está
enseñando que la realidad es mucho más dura de lo que yo pensaba. Es una suerte
que vivas con Bruno. Desde el primer día que lo vi, supe que era especial y
ahora me has demostrado el por qué.
-A mi verdadera
madre no la veo desde aquel día, los echo de menos, pero en muy pocas
ocasiones. Estoy muy contento con Bruno y Emma. Aunque, bueno, creo que
no has oído hablar de ella. Verás, es la madrastra más amable, dulce y cariñosa
que nunca pensé conocer. Ella era de Jesmond, un pueblo de Inglaterra pero, al
conocer a Bruno, lo dejó todo y se mudó con él aquí. Eran muy jóvenes cuando se
trasladaron. Por aquel entonces ella tenía veinticuatro años y él veintiséis.
En cuanto sus miradas se cruzaron, supieron que estaban hechos el uno para el
otro. Se casaron pronto y, veintidós años después, siguen juntos.
-Vaya, su historia
es preciosa. Qué bonito, ¡parece de película!
-Sí, bastante.
Sigue en contacto con sus padres y tíos de Jesmond, pero sólo los ve unas
cuantas veces al año, y nosotros dos viajamos con ella, ¡es divertidísimo!
Trabaja en una escuela de música que está aquí en el pueblo, pero un poco
lejos. Se va desde las siete de la mañana hasta las cuatro de la tarde y,
cuando llega, nunca está cansada para darme algunas clases de guitarra o
enseñarme canciones nuevas. También me prepara una comida exquisita, como de
concurso. ¡Es una cocinera más que fantástica! Algún día la conocerás y te
invitará a cenar, estoy seguro.
-Con todo lo que me
has contado, estoy deseando conocerla. Por cierto, Hugo, ya que nos estamos
sincerando sobre nuestras vidas, yo tampoco he sido muy sincera. He de
confesarte que, al contarme tu historia, no he sentido lástima por ti, sino que
me he sentido comprendida. Mi vida, hasta ahora, también ha sido un poco
complicada.
Después de esas palabras, le conté el
relato de mi vida. Dejó de tocar, y se sentó a mi lado. Conforme iba hablando,
él se sorprendía, asentía, mirándome fijamente, y me escuchaba. Era la primera
vez que alguien me escuchaba. Le había contado, en resumen, que me fugué, que
no me quedaba dinero y que estaba durmiendo en un callejón.
-Guau, tu vida
también es increíble. ¿Y ahora qué vas a hacer?
-No tengo nada
planeado. No puedo trabajar, porque soy demasiado pequeña, y no me gusta pedir
limosna. De hecho, tú eres el único que conoce mi vida. ¿Qué puedo hacer?
-Querida Nathalie,
yo conocí a Bruno en el momento más difícil de mi vida y, ahora, tú me has
conocido a mí. Puedo ayudarte.
domingo, 19 de enero de 2014
Capítulo 13: El secreto de Hugo.
-¿Qué secreto? –Pregunté curiosa.
-Ups, creo que sí he
metido la pata. No te preocupes, Nathalie, estoy seguro de que te lo contará
más adelante, ¿verdad Hugo?
-Sí, Bruno, se lo
contaré si tanto entusiasmo tienes. Bueno, dale la barra de pan que nos tenemos
que ir. –Respondió, impaciente por salir.
-Aquí tienes, pequeña.
–“Mi última barra de pan”, pensé.
Le pagué y, como me temía, ya no me
quedaba más dinero. Intenté no parecer desilusionada delante de ellos, para que
no me preguntasen qué me pasaba. Nos despedimos y salimos de allí, mientras
pensaba en qué podría consistir aquel misterioso secreto. No pude resistirme a
preguntar:
-Hugo, ¿de qué hablaba
Bruno? ¿Qué secreto?
-Ah, nada. Ya te lo
contaré otro día.
-¿Y por qué no ahora?
Tengo mucha curiosidad. –Le puse la cara más dulce y buena que pude,
parpadeando lentamente, haciéndole reír.
-¡Sólo te conozco de un
día! –Respondió, divertido.
-Ya… Pero soy de
confianza. Este será nuestro primer secreto compartido como amigos. Cuéntamelo,
por favor, por favor, por fa, por fi. –Noté que estaba a punto de decírmelo-.
¡Por favor!
-¡Vale, vale! Pero
cállate, por favor te lo pido. Te lo contaré cuando estemos en el parque.
Sonreí orgullosa. Objetivo cumplido.
Le cogí de la mano y lo llevé, casi arrastrando, hasta el parque. Cuando
llegamos, nos colocamos donde lo conocí y, aunque el día estaba nublado, había
algunos niños con sus padres. Dejó la funda en el suelo, abierta para las
propinas. Se colocó la guitarra y empezó a tocar. Estaba impaciente, sentada en
el suelo escuchando la melodía, a la vez que esperaba la noticia.
-Verás -comenzó a
decir-, mientras caminábamos hacia la panadería, hemos estado hablando sobre
algunas cosas de nuestras vidas, pero no he sido del todo sincero. No le he
contado nada de mi vida a nadie y es increíble que te lo vaya a decir a
ti, sin conocerte a penas, pero he de admitir que me transmites una confianza
especial. Bueno allá va. A Bruno lo conocí cuando tenía siete años, pero no de haberle
comprado pan. En verdad, nunca le he comprado nada. Te lo voy a contar todo
desde el principio, pero no quiero que sientas pena por mí. Yo tenía una
familia. Tenía seis hermanos y yo era el mediano. Mi madre trabajaba como
señora de la limpieza, cada día y cada noche. Mi padre murió en un tiroteo que
hubo en un callejón. Aquel barrio en el que vivía antes era horrible. Mis dos
hermanos mayores se fueron a ganar algo de dinero. Éramos demasiadas personas
en la casa para tan poco dinero y a mí... A mí me abandonaron, con seis años,
en la calle. Intenté sobrevivir como pude. Después de un año, apareció en mi
vida Bruno. Cuando pasó un poco de tiempo, le conté mi historia y me confesó
que él y su mujer no podían tener niños, pero deseaban tener uno con toda su
alma. Después de unas semanas, me preguntó si quería formar parte de su
familia, si yo quería que él fuera mi padrastro y acepté sin pensármelo dos
veces. Ahora tengo diez años y no me arrepiento para nada de aquella
decisión, porque es una persona especial, diferente. Es lo mejor que me podría
haber pasado nunca.
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